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3 agosto, 2016

Arthur Lescher

Escultor y alquimista

 Cecilia Rabossi

El artista brasileño Artur Lescher desdibuja con sus obras los límites existentes entre escultura, instalación y objeto. Frente a estas piezas tridimensionales, el espectador se plantea nuevas relaciones entre las obras y el espacio; espacio que se transforma en protagonista indispensable de su producción y que pierde toda posibilidad de neutralidad. El crítico e historiador del arte Paulo Venancio Filho, caracterizando la escultura contemporánea brasileña, establece claramente esta relación al plantear: «la frontera entre obra y espacio se vuelve fluida, flexible, elástica, comunicante […]. El espacio deja de ser un dato a priori, absoluto e inmutable: es la construcción, proceso análogo al hacer de la obra». Esta caracterización general establecida por el crítico es una realidad intrínseca a la producción artística de Lescher. Sus obras se extienden y se contraen en el espacio, generan múltiples sentidos.

El artista se arriesga permanentemente al experimentar con gran diversidad de materiales. Madera, plástico, aluminio, latón, resina, nailon industrial, granito, porcelana blanca, agua, sal de cobre y mercurio se transforman en sus manos, indagan sobre las posibilidades de cada uno de ellos, para romper así con todo dogmatismo. Lescher trabaja con la idea de metamorfosis; se interesa en las mutaciones que se producen al combinar los materiales más diversos y, en estas convivencias o confrontaciones propuestas, se modifican nuestras formas de percepción. El peso, la materia, el volumen y la escala se ponen en cuestión, lo obligan a abandonar toda restricción. Lo estable y lo inestable, lo rígido y lo maleable, lo estático y lo móvil, el equilibrio y el desequilibrio, lo natural y lo artificial, el peso y la levedad, la fluidez y la quietud, la tensión y el reposo, lo estable y lo variable, lo versátil y lo inmutable son características de su obra en distintos momento de su producción, siempre con un riguroso y perfecto acabado.

Lescher reflexiona persistentemente sobre la forma, partiendo siempre, como plantea Aracy Amaral, «de un principio geométrico pensado como contrapunto, antinomia o complementariedad». En algunas obras, forma y significado (otorgado este por su título) entran en un claro conflicto. Coincido con Victoria E. Noorthoorn en que «el título actúa como vehículo generador de un pensamiento en movimiento que busca anclar esta o aquella forma cuasi-abstracta en el territorio de la figuración, del ámbito reconocible del paisaje». El artista se interesa por desplazar la geometría hacia lo orgánico. Por ejemplo, la idea de río, que aparece en varios trabajos, se vincula con una especie de narrativa que puede ser pensada como un río, lo que le permite enlazar una cosa con otra o un material con otro.

La obra de Artur Lescher estuvo presente en Buenos Aires durante un largo tiempo. Desde 2004 hasta 2005, en la explanada del Malba se exhibió Elípticas, obra compuesta por tres piezas de grandes dimensiones que generan intersticios en el paisaje. Esta obra plantea un equilibrio inquietante, que se intensifica al estar encajada o inserta en una plataforma de sustentación. La abstracción plateada por Lescher tiene la particularidad de estar vinculada al mundo circundante, lo que habilita la multiplicidad de los significados y las interpretaciones.