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21 abril, 2016

La enigmática «cultura del otro» China

La enigmática «cultura del otro» China

Entrevista a Nicolás Levín

Por Patricia Esperanza

De la misma forma en que los griegos narraban el origen del mundo en sus cosmogonías a partir del caos, la cultura china da cuenta de este inicio a través de mitos compuestos por relatos fantásticos. Mircea Eliade, en su libro Lo sagrado y lo profano, plantea la necesidad de retornar al mito para renovar todo lo que el tiempo ha desgastado, como una necesidad de participar de la aniquilación y la recreación del mundo. Sobre esta idea gira la producción artística de Nicolás Levín. Su obra nos lleva a preguntarnos, ¿cómo se crea un escenario imaginario que refleje la cultura del otro a través del proceso de representación? Para lograr ese «cómo», Nicolás no solo aprendió a hablar chino mandarín, sino que viajó al Lejano Oriente para conocer las costumbres y la historia de China. Allí estrechó fuertes vínculos culturales, y esa experiencia fue fundamental para trabajar el tema de los mitos. En esa búsqueda, no solo conoce al otro, sino que también reconstruye su propia identidad.

¿Por qué te interesa la cultura china?

Porque hablo chino y he viajado por China continental. Es una cultura enigmática que me convoca

¿Cuáles son los temas de esa cultura que desarrollaste?

El retrato chino, por ejemplo, parte de personajes mitológicos. El hombre de cuatro ojos representa al creador de los caracteres chinos, es el primero de una serie de imágenes que estoy haciendo.

¿Por qué las mujeres chinas que aparecen en tus fotos están vestidas con trajes tradicionales?

Porque forman parte de una serie inspirada en las historias de la época imperial, en donde las concubinas ocupaban un lugar de mucha importancia, en relación al futuro de las dinastías. Muchas de ellas cayeron por intrigas de otras concubinas.

Las imágenes son muy gestuales y misteriosas…

Sí, porque pongo el foco en lo gestual. Por ejemplo, la fotografía El soldado y el dragón. Esa serie está inspirada en cuentos de la época imperial. La mirada a la cámara es a la vez un desafío y una advertencia. En esa obra se ve a un soldado encendiendo un sahumerio y con su humo se dibuja un dragón. La obra la hice teniendo en cuenta un imaginario en el que el ejército iba a destruir el Imperio. El sahumerio es una ofrenda típica de los templos chinos y, sin embargo, el soldado sostiene una mirada de enojo. De alguna manera, recuerda a una fotografía de un paparazzi en la que el soldado descubre que lo están observando. Quizá el soldado sea una representación de China.

¿La obra de San Juan Bautista es un entrecruzamiento cultural entre Oriente y Occidente?

El San Juan Bautista se hizo en dos partes. Por un lado, las tomas del supermercado, fueron varias tomas para luego poder unirlas y lograr un archivo de mayores dimensiones. Por otra parte, en el cuadro hay siete personajes, pero en realidad trabajé en mi estudio con cuatro modelos chinos solamente, allí armé las situaciones para luego montarlas en la fotografía final. Esta imagen la hice junto al dramaturgo Rafael Spregelburd para una obra teatral de su autoría. La idea original fue de él, y juntos le dimos forma, aunque terminó siendo una fotografía de algo imposible de pensar, en donde el imaginario de Oriente y el de Occidente se cruzan caprichosamente. Lo que resuena es el entrecruzamiento cultural entre el santo occidental y la comunidad oriental. Me inspiré en el Barroco, también utilicé el claroscuro de Caravaggio en los personajes orientales modernos.

Nicolás Levín se reapropia del pasado de China, nos habla de cruces culturales, del mito y de un profeta decapitado. Nos invita, a través de su obra, a recrear una parte de la historia del mundo, como una forma de renacer con una existencia nueva.