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El Gran Otro | Mircoles 23 de Enero de 2019

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Nicolás Mastracchio – Pulso

Nicolás Mastracchio – Pulso
Por Pilar Altilio

En el espacio destinado a Proyectos de MAMBA, Mastracchio propone una serie de instalaciones conectadas entre sí que sumergen al espectador en un clima zen donde las percepciones se calman.

El cuerpo del espectador entra en una zona transicional, sostiene Javier Villa, cuando está invitado a dejar su calzado antes de ingresar. A partir de allí, el curador concuerda que se experimentan algunas percepciones donde su sistema perceptivo se amplía. Un plan donde el pulso se desacelera y la ambientación a la que accede le permite disfrutar de un medio donde la levedad y las sutilezas lo envuelven, mientras comienza a sentir con las plantas del pie la mullida alfombra. De hecho, entrar ya es acordar tácitamente con el artista un cambio en lo que uno trae consigo y el ambiente contribuye a lograrlo.

El hilo conductor de este proyecto tiene relación con algunas experiencias de los artistas neoconcretos brasileños, sobre todo la propuesta de Lygia Clark (1920-1988), donde se propiciaba pasar del «ojo- retiniano al ojo- cuerpo», una sensorialidad ampliada mediante acciones que indican claramente una conexión con el presente absoluto, como vivencias posibles de evocar. Pulso se conforma de diversas piezas que no se apoyan en la pared ni sobre el suelo, pendiendo de hilos casi invisibles y -por esto mismo- hace funcionar a las fotografías cual hojas que apenas se mecen cuando se deambula por el espacio.  NM viene de una residencia en San Francisco donde este proyecto tomó forma. Cuenta, en el texto del libro que acompaña a su primera muestra individual en un museo, que necesitaba salir de un plan meticuloso y muy ensayado que había sido la concreción de un video «Las voces y las cosas», y por ello investigaba para llegar a un estado similar a un concepto que define con la figura retórica de un oxímoron tal como «trabajar de vacaciones». Mientras abandonaba esas manías de control tuvo presente una reflexión que leyó en un texto zen que alguien dejó en su taller: «El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa». San Francisco le servía plenamente para conectarse con el espacio y su gente y así, de cada recorrida, fue recolectando objetos encontrados que luego instalaba en el taller. Cuando faltaba poco para finalizar, hizo las fotografías «de un saque», logrando así una inmediatez no exenta de desprolijidad, según sus propias palabras. Si antes la fotografía requería un plan dentro del estudio muy organizado, ahora simplemente se conformaba por una serie de momentos encadenados mediante el azar y el placer de combinarlos libremente. Como describe Villa en un texto muy personal que tiene un título sugerente: Meditar contra la máquina, se trata de «un pequeño cosmos de objetos ordenados en pocos minutos sin ningún criterio racional».

Es imposible no detenerse en algunos detalles que apenas alteran el color plano de las impresiones para observar pocos elementos ínfimos que conectan la materialidad del plano fotográfico con los objetos tridimensionales a los que están asociados. Sólo hay sonido en la sala que proviene del único video, una pieza sonora creada especialmente para esta obra en conjunto al artista Ismael Pinkler, que sostiene un ritmo muy suave para guiar la inmersión del espectador. Unos almohadones distribuidos en el piso invitan a instalarse cómodamente para asistir a una serie de imágenes donde se percibe con acierto el paso del tiempo mediante una sucesión de tomas donde apenas reconocemos algunos datos.

El sistema de instalaciones se recorre con la advertencia de «no tocar» ya que estamos muy cerca de la obra y sin el límite admitido por los museos para que el espectador tome distancia. En estas series, cuyos nombres como Meditations (Meditaciones) y Spirit (Espíritu), constituyen directas alusiones a fugacidades que invocan lo cambiante como la bruma, el aire, la medusa o el indefinido color del mar, Mastracchio usa la imagen digital dejando de lado las herramientas de postproducción. Se vale también de pequeñas piezas tales como una piedra de nácar o una cáscara de maní, cintas de papel o hilos, para crear una variedad, un espacio ficcional que vuelve a cualquier descripción inútil para esta propuesta que intenta desplegar la potencia sensorial mediante ritmos muy suaves.

«Pulso sugiere otra manera posible de agregar información nueva al mundo desbordado de imágenes en la era digital: correr a un costado al fotógrafo y darle más lugar al director de cuerpos y de miradas» advierte el curador en su texto. Una invitación a densificar la experiencia de una exposición que no puede soslayar la complicidad de quien ingresa al sistema.

Nicolás Mastracchio (Bs As 1983) “Pulso”
Curador Javier Villa/ Sala Proyectos MAMBA
hasta 10 de marzo 2019
+ info: https://www.museomoderno.org/es/exposiciones/nicolas-mastracchio-pulso