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8 enero, 2015

Al diván con Rodolfo Dinzel

Por Dra. Raquel Tesone

Al diván con Rodolfo Dinzel

Esta entrevista fue realizada días antes del fallecimiento de Rodolfo Dinzel. Lamentamos la pérdida de este gran artista, que dejó en todos nosotros, una impronta indeleble de nuestro tango y su luz. Nuestro más sentido pésame a su familia y amigos.

 Luego de tomar el seminario intensivo de tango del maestro Rodolfo Dinzel, le agradecí  por el aprendizaje y le pedí  una entrevista, que acepta como si me conociera de toda la vida, con la humildad de los grandes. Rodolfo junto a su esposa Gloria, han sido precursores en la enseñanza del tango. Han inventado con más de más cuarenta años de exhaustiva investigación el Sistema Dinzel, difundiendo nuestra danza a nivel internacional a través de sus espectáculos como bailarines, con sus libros traducidos en varios idiomas,  y sus cursos en el exterior. Hoy existen una gran cantidad de filiales en el mundo de enseñanza de este sistema de tango danza.  Además de este importante aporte, son los fundadores, y dirigen la Universidad del Tango C.E.T.B.A. y el Estudio Dinzel donde se tiene el placer de contar con Rodolfo en persona tanto para tomar clases, como para cualquier productivo intercambio con mate de por medio.

 

Escucho tu consulta.
Consulto por la angustia de no tener la competencia necesaria para acabar el trabajo que me dispuse a realizar, ya que está todo a mitad de camino. Recién ahora conseguí, después de veinte años de búsqueda, una doctora en física y un filósofo que tengan ganas de reunirse conmigo para hablar de tango. Fijate que ella es francesa como Gardel y él es brasilero como Lepera, y ellos vinieron al Estudio donde a mí siempre me encuentran, porque la puerta está abierta, no hay llave, no hay timbre, yo estoy acá. El que me busca, me encuentra. No hago publicidad, porque esto ata al docente a cumplimentar lo que prometió en la publicidad. Yo enseño lo que yo quiero, según el proceso evolutivo del individuo, porque el arte es otra cosa; y acá trabajo sobre el arte, no es lo mismo que en la universidad. Acá los preparo para que estén listos para cuando los duendes vengan; y puede que pasen meses sin que vengan, entonces mientras tanto los preparo, preparo, preparo… Les hablo, les cuento, les digo, que son chiquititos, verdes, simpáticos, hasta que ellos mismos los puedan ver. Estos guachos creen que ese encuentro con el arte, es cosa de ellos, pero son los duendes los que juegan.

¿Entonces el arte no está en uno?
Si, el arte está en uno, pero hace falta el catalizador que haga el proceso químico para que las cosas ocurran, y eso que ocurre, creo que está en el destino, en el mas allá, en la cosa metafísica. Por eso digo que un alumno es una persona que no tiene luz, «a» es la negación, lumno viene de lumiére. Los ilustrados son los iluminados, y por esto lo llamamos estudios, y no nos damos cuenta que eso de prender las luces, significa es-tu-dios.

Y de ahí lo de Es-tu-Dios Dinzel (risas). ¡Esto es muy lacaniano!
Yo diría: ¿Dinzel es tu Dios? (risas), y ahí le pongo la pregunta.

Así resulta más bien socrático.
Exacto. Es que hay momentos tan eternos del tango, que si bien no me siento Dios, noto que la profundidad que se genera acá se mantiene a través del tiempo y la distancia. Los alumnos se van afuera, pero se sienten hermanados, y yo, cuento hasta ahí…

Es el tango, no soy yo… Es la magia del tango.

Sin embargo, esa magia la generan tus seminarios, la gente sale con deseos de abrazar a todos, con una sensación de haberse encontrado consigo mismo en la danza, y eso no sucede en los cursos más tradicionales.
En otros lugares te dan pescado y yo enseño a pescar, esa es la diferencia, y en eso sí sigo al flaco Inri (risas). Siento que mi misión está terminada si de acá mis alumnos salen artistas. Yo estudio mucho, leo y escribo mucho. Antes no escribía tanto porque quiero dejar todo en papel, a riesgo de dejar errores, porque esos errores pueden ser puntas de ideas nuevas, para aquel que quiera tomar esos trabajos y poder superarlos. Siempre busqué discípulos. Discípulo es aquel que puede superar al profesor, y no encuentro eso. El gran problema que tengo es que acá todos me dicen «que bien, que bueno esto o aquello». En Europa, y en Suecia principalmente, nos invitan, a mi y a Gloría, a unas tertulias que se llaman Malmö y yo digo las boludeces que digo comúnmente (risas). Les digo ustedes hacen abrazoterapia, como una herramienta terapéutica y nosotros hicimos de eso una danza, y encima, es una danza improvisada.

¿Y tiene efectos terapéuticos?
Tengo mil casos: dos chicos adolescentes que pasaron acá el período de abstinencia de la droga, le he cambiado la vida tanto a niños down, como a ciegos, sordos y mudos. Formé a ciegos que dan clases de tango, trabajamos en un hospital y he sacado gente de su cama abandonada a la muerte que terminaron empilchándose para escaparse e irse a la milonga. Cosas como esas pasan mucho, estoy totalmente convencido de los efectos terapéuticos de esta danza, pero no tengo los elementos con los cuales fundamentarlo. Podemos pensar que todo es producto de cómo hablo, de cómo acaricio, del calor de mi piel, y porque me gusta mucho el tango, pero me gustaría tener una herramienta con la cual tabular y poder investigar todo esto. Por ejemplo, en el Hospital de Clínicas estamos haciendo un trabajo con pacientes con Parkinson, con médicos, sociólogos que están tabulando el trabajo, pero es solo con Parkinson, y todo lo otro queda fuera.

Ya realizaste muchísimo, y parece que no alcanza toda una vida para tu investigación.
Es que como investigo mucho, se me aleja el final. El tango es tan grandilocuente que no va alcanzar una vida… Cada vez descubro más cosas, y me doy cuenta que vox populi es vox dei; es la voz de Dios.

¿Y cuando escuchaste esa voz por primera vez?
Hace muchos años, a los diez y ocho, era un gran bailarín de folclore, era el más joven de toda la camada y por eso me quedó el mote de «Cachito». De pronto, cuando me encontré con el tango, sentí algo que estaba más allá, un planteo metafísico del hacer, del sentir, de encontrar espacios nuevos; y eso es lo fantástico del tango. En los veranos me iba a bailar de gaucho y no había visto un gaucho  en mi vida (risas), hasta que una vez en una peña, escuché un tango y me abracé a una dama y no sabía ni un paso, pero era un bailarín entrenado y empecé a mirar adelante, entonces iba haciendo lo que hacía el tipo de adelante. Aprendí mucho observando, miraba a los que bailaban en televisión, iba al patio y lo hacía.

Tu poder de observación es muy agudo. ¿Ya de niño eras así?
 Si, todo lo aprendí siguiendo las máximas de mi padre. El me decía entre otras cosas, tenés que observar, todo está dado en el mundo, sólo hay que descubrirlo, o sea, des-cubrirlo, sacarle lo que lo cubre. Y así lo hice. Además, tenía mucho autocontrol de mi cuerpo, era dueño del espacio. Por eso al salir de bailar la tanda con esta señorita, en los tres tangos que bailé, mi cuerpo había hablado y mi mente viajado. Quizás hice un viaje astral… Me pareció fascinante estar tomado de otra persona y ser el suplemento y complemento de su hacer. A partir de ahí empecé a observar mucho, y llegué a bailar con una mujer que comprendía íntimamente todo, era el cuerpo perfecto para mí, el cuerpo de ese pibe, no con éste cuerpo, y me dije: ¡esto es otra cosa!. Nací en San Telmo, conocí a malevos de verdad, nunca quise ser un malevo, pero si entendí que el tango era más mío que el folclore. El tango es el proceso intelectual y artístico más logrado de nuestra argentinidad. Así que dejé todo por el tango. El tango está disparado a su destino final que es lo universal. Nosotros, los que hacemos tango en serio, sin apoyo de nadie estamos imponiendo el tango en el mundo. Es un sacrificio personal y convencemos a gente de otros lugares que hasta hacen sacrificios económicos para venir a aprender acá y hasta hacer festivales y divulgarlo. Eso hacen los alemanes, los franceses, los españoles, los japoneses, cosa que debería hacer el gobierno. Y esto es histórico porque es cosa de negros. ¡Pero si nosotros somos negros! ¡somos cabecitas! La sangre intelectual lo ve como cosa que inventan los negros que no saben ni hablar, pero el vox populi es el vox dei. Hay una soberbia de aquellos que no salen de la General Paz. A mi me recibió Reagan en la Casa Blanca, lo mismo Alfonsín me abrió sus puertas, doy clases en la Sorbona y hablo como para ustedes. Nunca preparo nada, siempre improviso. Ahora hay una Universidad en Miami, en La Florida y somos Doctores Honoris Causa, Gloria y yo. Y acá cuando empezó la Universidad las autoridades de aquella época no querían que yo hablara, pensaban que bailar era moverse como los monos. Ese proyecto lo tenía desde hacía mucho, hasta el cuerpo docente y los programas tenía preparado. Hace veinte y cuatro años atrás, un señor Yanoni mandado por Filmus, se contactó y se entero que quería hacer una Universidad. El tipo no podía creer los programas que tenía pero eran el fruto de años de trabajo.

¿Y la Universidad, sería una misión terminada?
No, tampoco. Porque para la intelectualidad y la oficialidad es un centro educativo donde abastecemos de tango a la ciudad. Yo le doy el trato de Universidad, pero no es una Universidad. Algunas universidades privadas me han ofrecido dinero para hacerla, pero nunca corrí detrás de la guita, y todos los años me ofrecen hacerla afuera. Me ofrecieron en Alemania, para hacer la primer Universidad europea con fondos de la comunidad europea, pero no acepté porque no están las condiciones dadas. En el 87 me ofrecieron en U.S.A, en Peabody, y dije que primero tenía que hacerla gratis para que llegue a mi gente en Buenos Aires. Y aún seguimos dando pasos para que se legitime. Hay grandes resistencias. El tango es muy escénico y nosotros por eso ponemos las otras disciplinas para lograr lo escénico: cómo maquillar, como vestirse, como iluminar… Mi señora es del Teatro Colón, todo esto viene de hace años.

¿Hace cuántos años que estás con Gloria?
Hace cuarenta y cuatro años, estuve más con ella que con mi mamá (risas). Tenía veintiséis años cuando mi mamá se murió y veintitrés cuando murió mi papá, quedé huérfano rápido. Daría un brazo para poder hablar con ellos, ahí ves fotos de ellos. Mi viejo era austríaco, Dinzelbacher, mi vieja ascendencia española y mi señora tiene ascendencia de andaluces y calabreses. Todo este desarrollo es con Gloria, yo como masculino tengo la tendencia a salir y hacer la recolección de frutos, o matar algún mamut en el camino. Por ser galante con mi mujer, quiero que disfrute del tango cómo quiera, y eso transmito a mis alumnos, si no le dan lugar a la mujer, tampoco pueden hacer bien el amor, y la verdad, se pierden la mitad de la cosa.

Hay una relación entre la danza del tango y hacer el amor…
Creo que si, pero esto no lo repito mucho porque el tango ha cargado con una procacidad impropia, al tango le pusieron la etiqueta de procaz, pero el tango es una danza y no puede ser procaz. Procaces pueden ser quienes lo bailan. Pero después de todo, ¿qué no hay que no sea sexual en el ser humano?

La misma pregunta se formuló Freud.
(Risas) Exactamente. Si hasta Dolina lo deja muy claro, todo lo que hace un hombre es para levantarse una mina. Por eso les digo a mis alumnos que si una mujer me plasma sus deseos, es una orden directa a mi espíritu, pero si la mujer me da una orden, quedará en deseos. Un deseo para mí es una orden, pero una orden mata el deseo. Si una mujer se pone en macho, más macho soy yo, pero si lo muestra desde su rol femenino, hay que darle todo el lugar para que se despliegue. Eso también distingue al sistema Dinzel, por eso me piden abrir filiales; ahora se está por abrir una en Venecia.

¿Y entonces, que más falta? ¿Por qué esa angustia?
Cierto. Tuve hijos, planté muchos árboles y ahí tengo cuatro hijos de papel, que no los saco por miedo a que sean mogólicos. Si navego y  me equivoco voy a parar al océano de vuelta. Pero ojala que me pueda equivocar, quiere decir que estoy buceando en lugares desiertos camino a la verdad. Para nada me gusta la soberbia, en nada ni en nadie, lo que deseo es que ese niño de papel esté lo más bien tratado posible; y para eso, mi obra que lo hace ser, tiene que estar suficientemente corregida para que no crucen una de sus páginas con un marcador. En el primer libro están las teorías que armamos con Gloria que se titula «Tango danza. La ansiosa búsqueda de la libertad». Alguien vino y grababa mis palabras, sin que yo lo supiera y un día vino y me trajo el libro. Yo le pedí a Gloria que haga un libro, «Tango Danza. Mi tango», para tener uno a mi nombre y otro a nombre de ella. Todos los demás a nombre de los Dinzel, como es la realidad. Ella está escribiendo sus cosas ahora. La conocí bailando y hace cuarenta y tres años que estamos juntos, y por viajes de negocios estuvimos separados diez días nada más, el resto lo vivimos juntos. Tengo pinta de pollerudo, pero me cabe (risas), aunque nos están enseñando otra cosa… Aún tengo mi primer lápiz de mina, mi primera lapicera Fuente, mi primer encendedor, porque lo voy a romper, ahora se compra porque salió el nuevo modelo. Volviendo a los libros, la nominación tango danza es importante, porque un baile es un divertimento, en cambio una danza presupone que hay algo más allá que la combustión muscular. No decís que un baile es religioso, es una danza religiosa. Y eso no se enseña mecánicamente.

Por eso la gente en tus seminarios siente que aprendió algo de la vida y de si mismos aprendiendo tango. Todo el ser se trastoca con la danza.
Yo los cargo de responsabilidad, y al que no le gusta, la puerta está sin llave, y se pueden ir. El arte implica estar en concordancia consigo mismo.

¿Tu rol es comparable a un psicólogo de grupo?
Es que están desnudando el alma, y yo sé leer el cuerpo. Yo fundé el Psicotango con una freudiana y un jungiano. La idea es leer el movimiento, porque el movimiento no miente. Armé ejercicios que están hilados, con setenta combinaciones, y según la gente, los voy adaptando. Estoy trabajando con un maestro de Tai chi en Suecia sobre esto, pero aún no está aplicado el método, así que no te puedo adelantar nada.

Abrevas de distintas fuentes para ampliar tu conocimiento. ¿Eras así desde tu niñez?
Para que te des una idea, a la pregunta que querés ser cuando seas grande, contestaba con cuatro años: quiero saber. Soy completamente ecléctico, si me sirve es bueno, lo haya dicho quién lo haya dicho. Soy una esponja, pero por momentos me sentía ignorante en literatura, porque leo mucho de psicología, sociología, física, biomecánica, anatomía, antropología, disciplina del movimiento, como la Gestalt, gimnasia consciente.

Y todos estos saberes los integraste en tus seminarios. En parte, ese sueño de niño, lo cumpliste.
En verdad, la transmisión está, pero lo que no tengo son discípulos, yo quisiera mi Leonardo. Yo amo a Leonardo Da Vinci, quisiera ser el maestro de Leonardo, no quisiera ser Leonardo. Mi vida de bailarín, por la enfermedad que tuve, se terminó. Hoy tengo aquel que quiere la parte pedagógica, otro que le interesa la investigación, pero no tengo mi Leonardo. Eric, mi hijo, está como yo a los veinte años, él tiene una gran condición artística. Es angelado, tiene una gran naturalidad física para la danza, y quiere ser un artista, y tiene todas las condiciones, y yo lo tengo que dejar volar, y un discípulo me tiene que seguir para pasarle una herramienta y que esto siga creciendo. Leonardo cuando limpiaba los pinceles, buscaba entre los pelos de la cerda los pigmentos que quedaban, en los cuales estaba el morado que a él le gustaba. Así aprendió a mezclarlo.

Y vos buscas allí donde nadie está buscando… por eso te encuentra aquel que te busca.
Si, soy un tipo medio extraño…. Tomé una clase de baile en mi vida, me hice solo. Antes de ser Dinzel, me rompí un menisco y no me dejé operar y fui Dinzel con el menisco roto, pero controlé mis piernas. Con la mente dominé el cuerpo. Sé el tendal que dejo, pero yo me esfuerzo en querer terminarlo yo.

Habrá que ayudar a tu mente para que siga dominando tu cuerpo para terminar tu misión; pero ¿cómo terminar con ese deseo insaciable de saber? Pienso que después de publicar los cuatro libros, vas a querer escribir otros.
¡Si, eso es así! ¡Estudiar para mí es un gran orgasmo! Me falta terminar esto, y es cierto que si llego a terminarlo, yo sigo, no sé vivir de otra manera. Yo estuve cinco veces al borde de la muerte, y seguí estudiando. En mayo del 2011 cuando me enfermé, estuve tres meses y medio en terapia intensiva, y al salir tuve que aprender a caminar de nuevo porque los músculos pierden tonicidad. Mi mujer me sacaba de la cama y me llevaba a sentarme en el sillón donde yo escribía. Allí desarrollé un profesorado superior para universidades. Hice los programas de ciento seis cátedras y lo presenté, pero está ahí cajoneado. Tengo más reconocimiento afuera que en mi país. Pero sigo estudiando.

Es que el deseo de saber implica una falta, y es que no se puede saber todo. Sé que esto no calma tu angustia…
(Risas) No, para nada. Te imaginás el día que descubrí Internet, me di cuenta que el que no sabe es porque no quiere, ¡no me jodas! Si hubiera tenido esto hace tiempo atrás… Imaginate que hace veinte años que pensé en una Universidad de Tango a distancia, y ya lo tengo todo preparado.

Parece que ese niño que sigue vivo y quiere saber, se angustia porque desea seguir viviendo para seguir aprendiendo.  

Gracias por este encuentro.

 

Del otro lado del diván

Rodolfo sigue siendo ese niño que quiere saber, por eso es un sabio. Y como tal, tiene el poder de transmitir su sabiduría, y lo hace como un chamán del tango. Sus «tribus» lo buscan y lo siguen, promoviendo una suerte de modificación de la percepción de la realidad con el tango como herramienta; además de implementarlo como una práctica sanadora. Posee el don de otorgar un posicionamiento zen a quienes están dispuestos a buscar su verdad, su identidad y en algunos casos, la iluminación que procura este tipo de aprendizaje de la danza. Parecería que a Rodolfo el arte del tango lo iluminó a sus dieciocho años; y como buen discípulo de su padre, logró ser un gran observador y des-cubridor. Rodolfo Dinzelbacher dio «a luz» a Rodolfo Dinzel, y con ese «Cachito» de sus padres, se reinventó a sí mismo poniendo cuerpo y alma en el tango. Dinzel / Bacher (bach=arroyo), al igual que Leonardo Da Vinci, cuyo apellido proviene de «vinchi»: plantas que crecen el arroyo; dejó por fuera del Nombre del Padre ese “arroyo” que retorna al «navegar» en la fuente del conocimiento. Con ese talento se transformó en un artista multidimensional. En ese sentido, el haber enfrentado la angustia de muerte, siempre vivenciada como castración, la necesidad de ser asistido por otros en su enfermedad, se suma a la angustia que lo caracteriza, la angustia que provoca su deseo de saber. Ese deseo lleva la impronta de remitir en permanencia a la falta, ya que no existe ningún saber finito ni totalizador. A partir de esta herida a la omnisciencia, Rodolfo, que se hizo tan solo, pudo desarrollar este sistema junto a Gloria, y hoy espera la intervención de aquellos discípulos que tengan el talento de eternizar sus teorías para hacerlas crecer y que puedan iluminar a otros.