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El Gran Otro | Martes 13 de Noviembre de 2018

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Mujeres radicales en el arte latinoamericano y la reescritura del canon

Mujeres radicales en el arte latinoamericano y la reescritura del canon

Por María Gabriela Figueroa

En octubre del 2017 modifiqué mi itinerario de viaje a los Estados Unidos y, además de ir a la Gran Manzana, decidí pasar también por Los Ángeles. Este cambio se debió a que tenía un gran deseo de visitar la muestra del Hammer Museum, Radical Women: Latin American Art, 1960-1985 (Mujeres radicales: arte latinoamericano, 1960-1985), curada por las doctoras Cecilia Farjado-Hill y Andrea Giunta, expertas en arte latinoamericano, más aún en temáticas de artistas mujeres y de género.

Podría decirse que Radical Women…, se corresponde con la tradición del Hammer Museum de llevar a cabo muestras de arte contemporáneo de vanguardia. La innovadora exposición contó con el apoyo del «Pacific Standard Time: LA/LA», un proyecto liderado por la Fundación Getty que promovió una indagación profunda del arte latinoamericano y latino, en diálogo con Los Ángeles.

Además del texto de presentación curatorial y los carteles explicativos en cada sala, la muestra Radical Women: Latin American Art, 1960-1985 contó con un mapa de América y una línea de tiempo ilustrada con fotografías, que informa sobre los eventos políticos y sociales de los países representados: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, EEUU, Uruguay y Venezuela.

El recorte cronológico de la muestra, 1960-1985, propone un amplio panorama de artistas latinoamericanas y latinas trabajando en EE.UU. en un período clave, tanto para la historia de ambas regiones como para el devenir del arte contemporáneo. A través de cuatro salas, con más de 280 obras organizadas por temas, Radical Women… pone en diálogo el trabajo de 120 artistas mujeres y colectivos de 15 países diferentes, considerando intereses y agendas compartidas. Se incluyeron figuras emblemáticas como Lygia Clark, Ana Mendieta o Marta Minujín, junto con artistas menos conocidas, como la abstracta cubana Zilia Sánchez, la escultora colombiana Feliza Bursztyn y la video-artista brasileña Leticia Parente.

Mujeres radicales… se constituye por extensas fotografías, videos, películas, performances y, en menor medida, por pinturas, esculturas y técnicas mixtas. Igualmente, prácticas conceptuales y múltiples disciplinas se fusionan en varias de las obras. En torno al núcleo central de cuerpo político surgen los ejes temáticos que organizan la exposición: el autorretrato, la relación entre el cuerpo y el paisaje, el cuerpo cartografiado, lo erótico, el poder de las palabras, el cuerpo actuando, miedo y resistencia, así como feminismos y el lugar social. Dichos ejes dan cuenta de los intereses y problemáticas comunes a las artistas exhibidas, quienes estuvieron influenciadas por la emergencia de una nueva sensibilidad que tornó factible separar la biología de la sexualidad, redefinir la noción de género y cuestionar narrativas patriarcales.

De hecho, la noción de «cuerpo político» –central en la muestra– implica concebir al cuerpo como entidad física, pero también como construcción social y política. Esto deriva de teorías foucaultianas que consideran al cuerpo como socialmente monitoreado y regulado; y a la sexualidad como una narrativa occidental que estigmatiza diferencias. En los años 60, 70 y 80, dichas teorías cobraron un sentido especial para las artistas latinoamericanas que padecieron las dictaduras y se comprometieron con estrategias revolucionarias. Tal es el caso de los acrílicos sobre tela de la artista argentina Diana Dowek, Paisaje con retrovisor II y Procedimiento, ya que ambos aluden a los asesinatos ejercidos durante gobiernos de facto. En la primera obra, un fragmento de paisaje muestra el espejo retrovisor de un auto, a través del cual se puede ver un cuerpo muerto abandonado sobre el césped de un destino incierto. En la segunda, la frialdad del ambiente se corresponde con la del título que pretende solapar un crimen: en la soledad de un interior, un cadáver yace envuelto en una sábana blanca.

Aunque muchas de las artistas de la muestra no se autodenominaron «feministas», investigaron y abordaron en sus obras la problemática de la mujer como un ser condicionado biológica y culturalmente. Es por eso que subvirtieron el género del retrato, procurando su emancipación. En el video El mundo de la mujer, la argentina María Luisa Bemberg retoma imágenes de la exposición Femimundo de 1972, realizada en la Sociedad Rural Argentina y las edita alternándolas con audios de sus publicidades, el cuento de la Cenicienta de Disney y el manual del libro azul de la revista Para ti. El magistral video deconstruye la exposición supuestamente organizada para la mujer, evidenciando las imposiciones a esta última, cuyo ideal se esperaba que estuviera supeditado a los deseos masculinos y a los mandatos sociales de belleza, matrimonio y maternidad.

Otro ejemplo paradigmático de subversión del retrato es el film corto Negra, de la artista afro-peruana Victoria Santa Cruz. Si bien esta obra surgió a partir de una de sus vivencias personales en su tierra natal, puede entenderse en sintonía con las artistas latinas y chicanas que trabajaban en los EE.UU., quienes abordaron en sus obras el tema de la marginalización de la mujer y de sus propias comunidades en la sociedad norteamericana, ya que el feminismo de la «segunda ola» fue, a veces, indiferente a problemáticas de mujeres de color. En el breve film en blanco y negro, Santa Cruz relata un poema musicalizado al ritmo del cajón, acompañado por un coro de hombres y mujeres. Luego utiliza su cuerpo como material expresivo bailando junto a ellos la zamacueca, una danza colonial peruana con raíces africanas, españolas y ritmos andinos. En el relato, a partir de un recuerdo de su infancia, la artista convierte la discriminación en lo que Alejandro Grimson denomina  «contra-estigmatización». Su historia es un acto valiente de resistencia y liberación que se apropia y reivindica la belleza de su color e identidad.

En suma, las obras experimentales de Radical Women… deconstruyen la iconografía tradicional del cuerpo. La megamuestra requirió de un intenso trabajo de archivo e investigación para llevar a cabo la noble tarea de llenar vacíos en la historia canónica del arte, dado que ésta se encuentra atravesada por el canon patriarcal y plagada de omisiones injustas. Era preciso poner en valor los aportes que numerosas artistas latinoamericanas y latinas le hicieron al arte contemporáneo para reescribir el canon y enriquecerlo. Para tal fin, acompañando la exhibición Radical Women…, también se publicó un interesante catálogo con textos de las curadoras y de otros especialistas; además, se realizó un simposio, conversaciones con artistas y proyección de films experimentales dirigidos por cineastas latinoamericanas, entre otras actividades.

Entre abril y julio de este año, el Brooklyn Museum of Art tuvo la dicha de exhibir Radical Women: Latin American Art, 1960-1985; y, este mes de agosto, la afortunada es la Pinacoteca de San Pablo.

Luego de haber apreciado personalmente la calidad de la muestra, considero que, sin lugar a dudas, debería continuar itinerando por museos latinoamericanos y de todo el mundo; ya que no sólo brinda nueva luz sobre nuestra historia del arte y su giro iconográfico, sino que también expande la sensibilidad y emancipa el intelecto ciudadano.