archipiélago: conjunto de islas unidas por lo que las separa
Por Etan Niño Del Río
—La poética de Mariana Palomino se despliega como un archipiélago de la memoria, un territorio donde la experiencia vivida, lo biográfico y el cuerpo conviven en un continuo que une aquello que parece distante. Con una voz que transitó desde la narrativa y el ensayo hasta la revelación súbita de la poesía, su primer poemario nace del rigor de la poda, la exploración erótica y la búsqueda de sensaciones táctiles a través de la palabra. Para ella, la poesía es un estado de libertad absoluta donde las normas se diluyen, la imaginación se vuelve simbiosis de la memoria y el lenguaje se transforma en un objeto palpable que invita al lector a encarnar la emoción.—
Etan Niño Del Río: ¿Cuándo te enamoraste de la poesía?
Mariana Palomino: Creo que para mí la poesía fue una revelación en dos partes. La primera se dio cuando empecé a leer a Pessoa en portugués. Siempre he tenido una conexión especial con la dimensión poética y musical de ese idioma gracias a las letras de la música popular brasileña. Además, como no es mi lengua materna, la forma en que se nombran las cosas crea una cierta distancia que acentúa de alguna manera lo poético.
La segunda comenzó a gestarse el 2017 cuando mi psicóloga, a raíz de una separación, me recomendó leer un poema de Susana Thénon que se llama Canto nupcial que me volvió loca. Luego de eso me compré los dos tomos de su obra poética y comencé a leer más poesía. Esta segunda parte terminó de consolidarse en el 2018 cuando entré a la Maestría de Escritura Creativa dirigida por María Negroni en la UNTREF (Universidad Nacional de Tres de Febrero) en Buenos Aires, ahí me hicieron escribir poesía por primera vez y me di cuenta de que la cosa iba por ahí. Yo venía del palo de la narrativa, las crónicas, los ensayos y notas periodísticas, así que la poesía fue algo que se me presentó de manera súbita hace no tanto tiempo. Siempre me siento media impostora cuando escucho a las y los poetas decir que escribieron sus primeros versitos a eso de los cinco años, pero bueno, también hay algo de recién llegada que me da mucha libertad. Me gusta no conocerla desde hace tanto tiempo.
EN: Yo hubiese jurado que la poesía era una cosa que venía de tu infancia o adolescencia. ¿Con esto de “no conocerla hace tanto tiempo” te refieres a no conocerla en ti, desde tu creación personal? ¿Leías poesía desde antes?
MP: Sí, exactamente. De todas maneras, desde que me puse a escribir poesía me puse a leerla mucho más también. Siento que se me abrió un mundo bastante infinito y eso está buenísimo. A la que más había leído antes de todo este proceso es a Pizarnik, porque es de acá y es muy fácil que te la cruces. Aparte de ella no mucho más, en términos de lo que es poesía formalmente escrita, porque siempre he estado muy interesada en la lírica dentro de la música, ya sea en letras en inglés, español o portugués como te mencionaba anteriormente.
EN: ¿Este es tu primer poemario? ¿Cuándo y cómo comenzaste su creación?
MP: Sí, es mi primer poemario. Lo comencé a armar durante la Maestría de Escritura Creativa, puesto que el trabajo final podía ser la entrega de un libro en proceso. Nació en ese contexto, ahí apareció el título y la idea, pero el libro salió cinco años después de que terminé la Maestría, así que hubo todo un periodo entre medio en el que fui escribiendo lo más que pude y con eso hice la selección de los poemas que quedaron en la versión final. Es un libro delgadito, pero me gusta mucho lo que está ahí, fui bastante selectiva con el material que tenía.

EN: El poemario pareciera contener la transmutación de un montón de experiencias vividas a lo largo de distintos años. No parece un primer poemario ni tampoco una antología, o quizás sí, pero muy podada, sucinta. En el prólogo escrito por Analía de la Fuente, titulado Pespuntes de tierra y mar, dice que: “Hay en este libro una suerte de biografía. Cifrada, sí. Aunque no escondida sino abrevada en la materia.” Cuéntame un poco más de esta dimensión biográfica que tiene la obra.
MP: En estas primeras incursiones escriturales me di cuenta que la poesía es una especie de lenguaje donde yo podía explorar ciertos estados del ser, estados anímicos o del ánima desde un lugar en el cual trato a la experiencia como un objeto. Como si la distancia de lo autobiográfico fuera una búsqueda filosófica llena de emoción y de conmoción. Trato de observar la experiencia vivida y de describirla de alguna manera: por como funciona, por la velocidad que tiene, por la temperatura, por el peso, la fragilidad, el salvajismo, la contundencia.
Cuando viví en Brasil encontré en una biblioteca un libro de Gaston Bachelard titulado La poética del espacio, el cual me voló la cabeza. Cuando lo leí quedé fascinada con una idea que postulaba que era algo así como que hay que volverse objeto uno para poder acercarse a los objetos desde un lugar más par, de igual a igual, como si eso nos permitiera verlos mejor, en una dimensión más propia del objeto en sí. Esa idea me quedó dando vueltas durante años y creo que se manifiesta justamente en la dimensión biográfica de mi poesía.
No puedo evitar hablar de cosas autobiográficas por esta misma idea de acercamiento que acabo de describir hacia un objeto, que en este caso es la experiencia de vida que se traduce en los versos. A veces me da un poco de miedo que mediante esta acción mi poesía se vaya muy a lo privado y el lector quede fuera, creo que es un borde por el que me da miedo caer. No creo que mi vida sea más interesante que las de otros, pero bueno, escribo sobre lo que me conmueve, lo que me emociona, eso es lo que me llama a escribir.
EN: Me parece que lo autobiográfico está presente en su justa medida. Como tú decías creo que hay que devenir memoria para poder enfrentar a la misma memoria en algún sentido, entonces desde ahí el aparecimiento de lo autobiográfico me parece sumamente coherente.
MP: Sí total, también me gusta que aparezca la imaginación en ese juego poético y haga simbiosis con la memoria.
EN: Esto que mencionas sobre la imaginación me parece que es fundamental en tu obra. Desde mi experiencia como lector, considero que tus poemas son como pequeños delirios organizados que juegan con el lenguaje, o pequeños viajes lisérgicos de pura imagen encarnable desde una imaginación despierta. Te invitan desde la imagen a encarnar las sensaciones táctiles que permite el lenguaje.
MP: ¡Gracias! Qué bueno, me pone muy contenta. Lo que más quiero es que a la persona que lea le pasen cosas y que el cuerpo esté involucrado, así que me parece maravilloso que te hayas encontrado con lo táctil al interior de los poemas. Eso es algo que busco cuando leo algo, me copa experimentar sensaciones a partir de la escritura. Tanto en los recuerdos como en la escritura el cuerpo está muy presente para mí. Como decía Pizarnik en su poema Revelaciones: “Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones”. El cuerpo para mí es un lugar de exploración y algo que habla de otra manera a través de las sensaciones.
EN: Esto que me acabas de decir me recuerda a tu poema titulado si tuviera una cola de gato, en el que describes de manera surrealista qué harías con esta cola. Me parece un gesto muy interesante el poner el cuerpo en situaciones de hibridación figurativa para tratar de encarnar la experiencia de un animal o algún otro ser. En tu poema no es que te vuelvas gata, sino que simplemente tienes la cola, entonces es seguir siendo humana pero con esa característica particular. Se genera un juego de transmutación matérica desde el lenguaje que abre estas dimensiones táctiles de una experiencia imposible fuera de la imaginación poética.
MP: No lo había pensado así, pero sí. Ese poema surgió a partir de mi convivencia con una gatita bastante endemoniada que tenía. Muchos de los poemas que están en el libro fueron escritos durante el momento de encierro y aislamiento más estricto de la pandemia, en el cual la escritura se convirtió en una especie de salvavidas. Durante ese tiempo me adentré en un espacio de exploración de este tipo de cosas que luego traduje en la escritura, este poema es el producto de mirar horas a la gata, seguir sus movimientos, su comportamiento y fantasear con eso.
También me interesa mucho la sensualidad y el erotismo en la escritura, que son lugares difíciles de transitar sin caer en lo burdo, obvio, obsceno o cliché. Para mí este poema de la cola del gato representa el tipo de erotismo que me gusta hacer, un erotismo con una imaginación juguetona, no tan realista.

EN: La creación de un libro implica un montón de procesos y etapas distintas. Mientras se escribe este habita en un espacio íntimo o dentro de un círculo cercano, pero una vez que se publica sale al mundo y deja de pertenecerte únicamente a ti. ¿Cómo ha sido encontrarte con el testimonio y la mirada de quienes han leído tu libro? ¿Te han traído enseñanzas estos intercambios?
MP: La primera lectura ajena con la cual me encontré fue la de Analía de la Fuente y me puse a llorar de emoción. Me dijo que se había pegado un tremendo viaje con este libro, algo así como lo que mencionaste tú recién. Leer su prólogo fue muy emocionante. Hay una intensidad con la que escribo que está presente en el libro y que por extensión también ha estado presente en su recibimiento. Al principio me sentí muy expuesta, sobre todo por esta dimensión biográfica que comentamos, pero también me di cuenta de que es un libro que aloja y aguanta distintas lecturas y eso me tranquilizó. Cada persona con la que he hablado me dice que ha visto cosas en el libro que yo ni siquiera había visto ni menos pensado que podrían estar ahí.
Otra cosa que me ha gustado mucho es ver los poemas que la gente ha elegido para compartir por redes sociales, eso me ha hecho releerlos de otra manera pensando en porqué esta persona eligió este, en qué hay ahí que lo eligió. Es loco pero los poemas cambian muy rápido cuando salen al mundo, en poco tiempo uno ya empieza a leerlos distinto. Siento que este proceso me dio un empujonazo para seguir, lo cual fue inesperado, pero está buenísimo.
EN: Hablemos sobre el título del libro: archipiélago, conjunto de islas unidas por lo que las separa. Generalmente los subtítulos de los libros quedan en un segundo plano, pero en este caso ambos parecieran estar intrínsecamente conectados, como si vivieran una relación simbiótica inseparable que invita siempre a nombrar ambas partes. ¿De dónde surge este título y este subtítulo, qué te llevó a la imagen del archipiélago y cuál es la importancia que tiene esta figura en tu vida?
MP: Tiene que ver un poco con eso que vos decías de que puede ser una suerte de biografía pero también una antología. Cuando lo empecé a armar durante la maestría tuve una tutoría con Yamila Bêgné en la cual le conté que tenía algunos poemas pero que no sabía o no entendía qué era lo que los juntaba más allá del hecho de que los escribí yo; sentía que no tenían mucha conexión entre sí. Ahí fue cuando Yamila hizo un dibujo y me dijo que me imaginara que los poemas eran como las casas en El Delta del Tigre, donde había una organización tipo pilote, poema, pilote, poema. Y bueno, los pilotes están sobre el agua, esa especie de magma de donde van saliendo estos poemas que pareciera no tener mucha conexión, ahí fue cuando yo le dije: “ah, como si los poemas fueran islas”. En ese momento comencé a pensar la idea del archipiélago como este conjunto de islas unidas por un algo, pero que al mismo tiempo existen por separado. Me gusta esto de los libros de poemas que los podés abrir en cualquier página y ponerte a leer sin la necesidad de un contexto tan formal como en la narrativa, eso también potenció la figura de la isla al interior de un archipiélago.
Por otro lado, cuando le comenté a mi mamá el nombre del poemario ella me dijo inmediatamente: “conjunto de islas unidas por lo que las separa”. Yo quedé impresionada y le dije que estaba genial, ahí fue cuando me contó que era el nombre de una revista española que salió entre los 80 y los 2000. Esta frase me pareció hermosa y como subtítulo queda maravillosa porque es casi como una entrada de diccionario pero poética. Es como si ya fuera un verso que a la vez tiene esta cosa de paradoja filosófica entre la unión y la separación. También me parece que es muy descriptiva de cómo se construye un poema entre el blanco, el silencio y la palabra, me lleva al verso y al corte. El título y el subtítulo aparecieron muy al comienzo de todo el proceso, de hecho ya los tenía antes de terminar el libro siquiera.
EN: Me llama la atención esta idea de que aquello que separa estas islas es lo que las une. ¿Cuál dirías que es esa fuerza de separación que actúa como una suerte de imantación en reversa?
MP: Diría que es un poco el tiempo y el agua como una especie de metáfora de la memoria. En el recuerdo y en el relato de la vida hay algo que se pierde y algo que se inventa. Siempre es un poco fallida esa reconstrucción, siempre se pierde algo y se termina imaginando o construyendo otra cosa. Tiene que ver con eso, aunque sigue siendo un misterio para mí, pero sí, creo que eso daría cuenta de la relación entre todos estos poemas, desde los más abstractos e imagéticos a los que me salieron desde las vísceras sobre mi vida. La memoria sería esa fuerza que paradójicamente une y separa al mismo tiempo.
EN: Cuando hablas del agua me hace mucho sentido porque aparece frecuentemente en tus poemas. ¿Cuál es tu relación con el agua?
MP: Tengo una relación muy linda con el agua, me encanta tanto en términos realistas como simbólicos, me estimula mucho la cabeza. Siempre de alguna manera está en mí, en el movimiento, en lo que fluye; es por muchos lugares que me gusta, por eso suele aparecer mucho en lo que escribo.
EN: Ya hablamos del carácter biográfico de tu libro, pero me gustaría que profundicemos en la idea de linaje que está ahí contenida. Me llamó la atención el reconocimiento en esta obra de tu linaje tanto sanguíneo como de gente fuera de ese círculo que ha sido muy importante en tu vida y, también, la dedicatoria a tu padre que abre estas páginas. Y bueno, no sólo esta dedicatoria, sino también en los agradecimientos cuando dices: “a mi viejo y su insistencia en que llenara cuadernos”. ¿Podrías contarme la historia detrás de esos agradecimientos?
MP: Veo este linaje aquí presente desde dos vías. En una está el linaje familiar, vengo de una familia donde todos escriben, mis viejos que son sociólogos sacaron libros a partir de sus investigaciones, mi hermano que es historiador también, mi hermana, que al igual que yo hizo letras, traduce y escribe unos cuentos maravillosos. De alguna manera la escritura siempre ha estado presente en lo sanguíneo.
La otra vía del linaje tiene que ver con el cuerpo, con las mujeres de mi familia, sobre todo con mi abuela. Ella escribía diarios de viaje y se mandaba unas cartas preciosas con mi abuelo. Con ellas también estoy trabajando hace tiempo, aunque algo más en prosa que poesía. En este linaje femenino también aparecen temas como el aborto, de los cuales se habla poco y se debería hablar más. Mi abuela se hizo un aborto y una tía perdió un embarazo, entonces cuando yo viví algo así que es muy duro y muy triste, sus experiencias fueron muy significativas y están plasmadas en algunos poemas. La poesía es un espacio donde poder hablar de estas cosas que no se hablan mucho en el cotidiano, porque aún se nos hace muy difícil. De todas maneras hay algo de intransferibilidad de este tipo de experiencias que la poesía ayuda a manifestar. Me gusta trabajar con las marcas que quedan en el cuerpo y con las mujeres que marcan también la vida de otras mujeres como por ejemplo mi amiga Berta a quien le dediqué el poema titulado Pincoya.
En relación a la historia de los agradecimientos, surgió en un momento previo a tomar la decisión de hacer la Maestría en Escritura Creativa en el que estaba charlando con mi viejo y él me preguntó qué era lo que yo realmente quería hacer, para dónde iba a orientar mi vida. Trabajo en una editorial jurídica, lo cual me permite pagar el alquiler, pero ahí no hago lo que realmente me gusta hacer. Entonces le dije a mi padre que lo que quería era escribir, porque me lo paso bomba haciéndolo y realmente es lo que más me llena, lo que me excita, lo que me interesa, lo que me hace quedarme sin dormir en toda una noche y lo que me hace levantarme cada mañana pensando en frases o imágenes. Ahí fue cuando él me dijo: “Vos llená cuadernos, no te preocupes mucho por cómo va a ser, vos llená cuadernos”. La frase me hizo mucho sentido, porque lo que realmente busco no es publicar libros, sino escribirlos. Quiero estar en el laboratorio, quiero estar en la cancha jugando, el tema de la publicación es algo que aparece después, mi objetivo principal es llenar cuadernos
EN: Me comentaste que gran parte del libro lo escribiste durante el confinamiento de la pandemia, pero me gustaría saber ¿qué momento de tu vida estabas transitando durante la creación de estas páginas? O ¿Cuál era tu sensación con la vida mientras escribías?
MP: Bueno, hay condensados muchos años ahí, años muy intensos. Por un lado hubo momentos de absoluto enamoramiento, desde donde salen los poemas más eróticos. Un lugar de encantamiento con la vida, de mucha sensualidad, goce y fascinación por estar en un mundo muy rico. Por otro, hubo momentos de una profunda desolación, de un estado de pérdida muy terrible que intenté evidenciar en algunos poemas. Hay toda una zona de cómo reconstruirse o cómo salir muy despacito del pozo, la cual espero poder haber plasmado.
EN: Entre las páginas de tu libro se manifiestan algunas manchas de tinta que conviven entre y con los poemas. ¿Qué son esas manchas de tinta? ¿Son islas en sí mismas?
MP: Acertaste, por un lado viene de la idea y la forma de las islas, y por otro viene de mi enorme dificultad por ponerle título a las cosas y la necesidad de reemplazar su función de separación.
El tema de las manchas como islas me apareció hace mucho tiempo cuando trabajé en el Ministerio del Trabajo para una cosa puntual. Un día que estábamos reunidos con el equipo se cayó el café sobre unas hojas, a partir de las manchas empezamos a jugar a que eran islas delimitándolas con un lápiz, les pusimos nombre y todo. Fue una cosa que se repitió en más de una ocasión, era algo absolutamente lúdico que te invitaba a imaginar y a jugar a ponerle palabras a lo que no lo tiene. Luego de eso, en la Maestría tuvimos la oportunidad de tener clases con Eduardo Stupía a quien le comenté que quería hacer algo con las manchas y me dio una clase online de cómo trabajar con la tinta china. A partir de estas experiencias surgen las ganas de meter las manchas de tinta en el libro, el cual por cierto también es una especie de pequeña antología de todas las que hice.

EN: Acabas de mencionar que te cuesta ponerle título a las cosas. Salvo algunos pocos casos, en tu libro los poemas no tienen título, entonces la primera frase se convierte en su título, o al menos se presenta así en el índice. Este es un gesto que me recuerda a César Vallejo. Por otro lado, ningún poema comienza con mayúscula, gesto me recuerda a Susana Thénon. La ausencia de títulos y mayúsculas me hace sentir una mayor cohesión entre los poemas, como si el límite entre ellos mismos fuera difuso y simplemente fueran parte de un mismo continuo. Como si las islas del archipiélago estuvieran todas conectadas bajo el agua y fueran simplemente las puntas elevadas de una misma geografía sumergida. Puede también hacer referencia a islas de la memoria y los poemas funcionarían como la traducción cifrada de aquella información que se expresa en la superficie de lo perceptible y lo decible. ¿Cuál es la influencia de Thénon en tu poesía y por qué decides no poner ninguna letra en mayúscula?
MP: Para mí empezar a escribir poesía fue una especie de liberación. Estudié letras, entonces pasé mucho tiempo adentrándome en la normativa del lenguaje, su historia, la forma, la corrección y la edición. Cuando comencé a escribir poesía me di cuenta de que podía prescindir de formalidades como los conectores y los puntos, lo cual para mí fue como poder sacarme el trabajo de encima con el fin de ir a explorar un mar de nuevas posibilidades. En este contexto las minúsculas se presentan como una declaración de principios que claramente heredé de Thénon. Ella para mí fue una apertura a un campo de libertad creativa, más no de gratuidad, en el sentido de que “cualquier cosa que haga va a estar bien”, pero sí de “che, dale, a jugar y chau con la norma”.
EN: En la presentación del libro te escuché mencionar en distintas ocasiones el verbo “podar”, en relación a tu proceso creativo. Esto me hizo pensar en tu labor como editora en una editorial jurídica y el uso de la poda en la edición. ¿Qué significa para ti ese verbo en tu escritura y cómo lo utilizas a nivel de herramienta? ¿Cómo afecta o interviene dicho trabajo en tu escritura?
MP: La idea de podar viene sobre todo de una poeta que se llama Florencia Fragasso con quien yo hice una clínica durante la pandemia. Ella tiene un libro maravilloso que se llama La poda de hecho, que tiene que ver con su relación con el jardín de su casa, entonces tiene el concepto muy presente y de alguna manera me lo transfirió. Me parece buenísimo el concepto de la poda a nivel gráfico, en cuanto a la acción de ir sacando cosas para que crezca el poema.
Cuando uno escribe es cierto que a veces hay que agregar zonas, pero la mayor parte de las veces, o esto es por lo menos lo que me pasa a mí, es que hay que sacar cosas. La poda es la que da la forma. En ocasiones es sacar un poquito por aquí y otro poquito por allá, pero en otras puede ser quitar todo el inicio de algo, porque seguiste avanzando y te diste cuenta que te ayudó a llegar a algún lado, pero cuando lo relees dentro del contexto que es el poema te das cuenta de que ya no va. También en el corte hay una cosa fuerte, contundente, definitiva, filosa, de arrancar algo y eso a veces duele. Pero como en toda poda, el corte es un agente que a la larga ayuda a la planta a crecer con más fuerza, aprovechar mejor los nutrientes y florecer. Me parece que es un concepto que ayuda muchísimo a la escritura, sobre todo en el proceso de autocorrección y autoedición de lo que uno escribe, porque hace que se luzca más lo que está ahí con menos ruido alrededor.
Esta acción de quitar para hacer notar es algo que hago mucho en mi trabajo como editora, tanto en textos literarios como informativos. Me gusta leer textos de otros, ver cómo están construidos con el fin de ver si puedo aportar algo para que eso se luzca más o se entienda de manera más clara para mejorar su recepción por parte del lector. Tampoco es que tenga un afán intervencionista, pero me parece que el trabajo de edición de textos tiene mucho de poda en el mejor sentido del término.
EN: Tus poemas son como flashazos, intensos y de corta duración, pero muy luminosos. Casi todos existen en menos de una página; otros, en poco más de una. Además de esto, siento que logras una síntesis muy precisa, dando la sensación de que no les falta ni les sobra nada a estos poemas. Supongo que esto tiene mucho que ver con la misma acción de podar que venimos conversando. ¿Esto es una cosa intencional o simplemente te salen así los poemas?
MP: La verdad es que es mucha poda, muy poquitos salieron con esa síntesis de una. Hay poemas muy cortitos como por ejemplo descartás el chiquitaje, en los que pasé días enteros con una misma palabra. Es un trabajo que requiere de mucho escrito atrás y de mucha poda para que los poemas lleguen a ser lo que son. Me encantaría poder escribir más largo, pero me cuesta mucho porque buena parte de mi trabajo creativo radica en podar. Me parece que es una búsqueda activa que tengo, el que no hayan cosas innecesarias en lo que escribo para que se manifieste de manera óptima su intensidad contenida.

EN: ¿Cómo concibes la relación entre los sentidos mediante los cuales interpretamos la realidad perceptible y la poesía?
MP: Lo que más me gusta es la sensación, tener sensaciones y emociones cuando leo. Me parece increíble que la palabra y la construcción con palabras, que es algo de orden abstracto, pueda producir eso en uno cuando lee. Me parece que toda escritura viene de una lectura y que si leer es una experiencia que produce sensaciones y emociones entonces yo quiero escribir en pos de esa búsqueda de las sensaciones. Quiero que se produzca esa magia de que, leyendo algo, uno sienta que está tocando algo, o saboreando algo en la boca, o viendo algo con los ojos de la mente, u oliendo algo, o estando sumergido o suspendido en algo, ya con todo el cuerpo, sentir algo en toda la piel.
En ese sentido la poesía es un género que está ligado a esa intensidad de la sensación. Por eso me hace sentido eso que decís del flashazo del momento, porque la intensidad por definición no puede durar mucho, se agota. Te cansás, te dormís, te caés, te morís; ya está, basta, no se soporta mucho tiempo. Siento que la poesía es un género afín a esa intensidad, cada poema me permite sentir cierta energía y acercarme a una emoción de manera breve y arbitraria, puesto que permite crear mundos con reglas y lógicas con una libertad que no requiere de un macro contexto para crear un campo de juego palpable. Muchas veces uno lee y dice, no entiendo, pero finalmente eso es lo que más me llama, porque no entiendo pero intuyo cosas. Concibo esta relación como una manera de conocimiento de algo que es inasible, pero que está y te atrae.
EN: Tuviste la rara oportunidad de lanzar un libro de poesía casi paralelamente a los dos lados del Atlántico, porque la editorial, Echinopsis, tiene su sede en España. ¿Qué tal fue tu experiencia siendo editada por Echinopsis? Y ¿Cómo fue tu experiencia lanzando un libro en España, fuera de casa?
MP: Fue una experiencia un tanto inesperada porque las editoras que llevan Echinopsis fueron compañeras mías en la Maestría, entonces ellas me contactaron diciéndome que me querían editar, lo cual fue hermoso. La experiencia con Analía en torno al prólogo también fue muy enriquecedora y emocionante porque la admiro mucho, fue un honor contar con ella. El libro en sí, como objeto, quedó precioso; es una edición muy cuidada en cuya portada habita una acuarela original de Violeta Benialgo.
El lanzamiento que se hizo en Sevilla organizado por Jimena Marcos (la directora de la editorial) estuvo muy lindo puesto que, además de la instancia en sí, tuve la oportunidad de conversar con el poeta y traductor Juan Andrés García Román sobre su lectura del libro, quien me ofreció una mirada totalmente distinta y novedosa.
En general el hecho de estar en otro continente y tener acceso a otros universos, a otras personas y a otras lecturas fue muy significativo y nutritivo. Además, el viaje a España me permitió hacer algunos talleres en Sevilla y en Madrid, lo cual estuvo buenísimo. Fue un proceso lindo, aunque no estuvo exento de aprendizajes de cierta dureza.
EN: ¿Por qué escribir poesía?
MP: Lo primero que me sale es ¿Por qué no? Pero bueno, creo que es el género que más da cuenta de la materialidad de la palabra en cuanto a su dimensión sonora, visual, rítmica y etimológica. Para mí este paso por la poesía me ha hecho cambiar mi manera de ver el mundo, es como si ahora leyera todo desde la poesía. ¡La poesía es la papa! Luego viene todo lo demás para mí en este momento.
EN: Para finalizar, ¿cómo te encuentras hoy y cuáles son tus planes para el futuro en términos creativos o escriturales?
MP: Estoy retomando la escritura luego de un periodo de estancamiento. Tengo algunos poemas viejos que quedaron fuera del libro que quiero seguir trabajando. La selección para el libro me dejó ver con más claridad ciertos territorios de exploración, y también me reveló algunas islas del archipiélago que aún me quedan por navegar.
Quiero seguir profundizando en la sensación y las emociones, pero desde un lado más teórico, más filosófico. Por otro lado, tengo ganas de seguir con la traducción del portugués. Y, además, quiero retomar un proyecto de escritura más híbrido y fragmentario que surgió en Barcelona, en el marco de una Residencia de Escritura que realicé con GaudíLab en 2025: un trabajo que tiene que ver con la memoria en su relación con lo onírico, lo imaginario y la fantasía, a partir de una serie de cartas que mi abuelo le envió a mi abuela entre principios de los años cuarenta y el año 1956.
Me he dado cuenta de que la escritura atraviesa fuertemente mis afectos más primales en relación a la familia nuclear y siempre hay algo con la ausencia, la memoria, lo amoroso y lo táctil que me da vueltas y me llama. Poder hacer aparecer a un otro a través de la palabra es algo que quiero seguir explorando desde lo más profundo de mi corazón.
Si quieres adentrarte en las páginas de Archipiélago y dejarte llevar por este viaje de memoria, cuerpo y sensaciones, puedes adquirir el libro tanto en su edición física como en formato digital directamente en la web de Echinopsis:
https://echinopsisrarezaeditorial.com/

Mariana Palomino (Buenos Aires, 1978)
Escribe poesía, narrativa y ensayo, y traduce del portugués. Es profesora y licenciada en Letras (Universidad de Buenos Aires), magíster en Escritura Creativa (Universidad Nacional de Tres de Febrero) y diplomada en Artes del Libro (Universidad Nacional de las Artes).
Publicó el poemario archipiélago, conjunto de islas unidas por lo que las separa (Echinopsis, 2025) y el libro de ensayos Susana Thénon. Todas las voces del grito (Corregidor, 2025), junto con el grupo de investigación Palimpsestos dedicado al Fondo Thénon (UNTreF), dirigido por María Negroni.
Publicó poemas, ensayos, traducciones y notas sobre literatura y artes escénicas en las revistas La forma breve, Las olas, Boca de sapo, Teatro (Complejo Teatral de Bs. As.), Vallejo & co., Aquilea y Fracas. Revista de creación y traducción.





