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27 abril, 2022

Reseña: Miserias hipermodernas ¿por qué vivimos tan mal? de Luciano Lutereau

Por María Evangelina Vázquez

Reseña: Miserias hipermodernas ¿por qué vivimos tan mal? de Luciano Lutereau

Revelador e incisivo, el libro aborda los clásicos pecados capitales en clave psicoanalítica. “Renunciar al erotismo en la relación con el otro sí me parece un pecado”, afirma el psicoanalista que considera la desafectivización como la forma de la lujuria del siglo XXI, que se basa en la instrumentación del otro.

 

Luciano Lutereau explora una vez más los complejos vínculos de la actualidad. El autor ahonda en los siete pecados capitales que, bajo su mirada, se transforman en miserias hipermodernas. Recurrir al vocabulario religioso para hablar de la práctica terapéutica, puede ser visto como una provocación, pero el doctor en psicología y filosofía realiza esta tarea con éxito y puede iluminar zonas oscuras o desconocidas de estos pecados que todos cometemos alguna vez en nuestras vidas. Nos cuenta que la soledad suele ser el motivo principal de las consultas psicológicas; que vivimos en una era que parecería de excesos, pero que en realidad esconde profundas faltas. Justamente la hipótesis que plantea este libro es que los pecados capitales no se reconocen por el exceso, sino por la falta.

¿Qué sucede con el deseo? Porque el deseo es deseo del otro. ¿Qué sucede cuando no toleramos la alteridad en una relación y esta es la mejor excusa para abandonar la pareja? Vivimos en épocas de deserotización, de desafectivización. Ahora ya no se sufre porque se ama, como en la época de Freud, sino porque no se puede amar. No se encuentra ni el tiempo ni la manera para un acercamiento verdadero con el otro. Decimos: “se cortó la onda, no nos vimos más. No pintó”.

Varios excesos se dan quizás por la falta de amor. El exceso con la comida por la falta de sueño también es una constante en la sociedad contemporánea. Con la comida, muchas veces tenemos una relación erótica. ¿Será por la falta de erotismo que caemos en atracones nocturnos para calmar la angustia y la ansiedad?¿Qué pasa con la falta de borde, cuando ya nada produce asco o empalago?

No hemos madurado como sociedad, sería una de las hipótesis que plantea el libro: las personas de entre 30 y 40 años no habrían alcanzado la maduración ni siquiera de un niño de 5 meses, considerando los logros psíquicos de un niño durante un año. Se opta a veces por la privación total, un fin drástico y radical de consumos y relaciones. Cuando algo o alguien se vuelve tóxico y no podemos dejar de frecuentarlo, lo más sano parece ser cortarlo de modo definitivo, ¿pero es allí donde se encuentra la solución?

Con respecto a la avaricia, el autor comenta que hay gente que posee muchas cosas, aunque tiene muy poco para dar.  El avaro es el que no puede ser generoso con lo que tiene. Esto contrasta con la idea de Lacan sobre el amor: el amor es dar lo que no se tiene. Hay gente que con tal de ahorrarse unos pesos puede perder tiempo valiosísimo de su vida o no se da cuenta de que lo que se presenta como un ahorro es en realidad un engaño: un producto que se aumentó y luego se rebajó. Lutereau se refiere a lo que Freud llamaba “la miseria neurótica” y uno puede quedarse encerrado en la neurosis. A veces, como sugería una publicidad, puede resultar más conveniente pedir un préstamo al banco que a un suegro que luego echará el favor en cara. Los niños, por otra parte, descubren rápidamente la avaricia. Hay que enseñarles a compartir y ellos solo estarán dispuestos a dar lo que les sobra, como un helado chupado del que ya no quieren comer. Esto, claramente sucede también en las personas adultas: se despojan solo de aquello que ya no les sirve. Hay personas que quieren dar y no pueden, están conflictuadas con el hecho de dar.

El amor va a contrapelo de la avaricia; pero hay personas que responden de la manera más inmadura a aquella deuda que produce el amor y lo hacen por medio de la traición. El autor también se explaya sobre el vínculo entre la frustración y el enojo. ¿Cuán violentos pueden ser el cinismo, ciertas ironías y la indiferencia? Hay agresiones visibles, pero hay otras de carácter pasivo que no resultan tan obvias, aunque ciertamente constituyen actos de agresividad. Con respecto a los memes, estos pueden resultar agresivos por su ridiculización del otro y demuestran, en última instancia, una pobreza personal enorme cuando aparecen como la única forma de responder o reaccionar ante el otro.

Para el autor no es lo mismo ser víctima que victimizarse: “las víctimas no se victimizan, necesitan ser reconocidas como víctimas”. Lutereau nos habla de las pequeñas venganzas en las parejas y acerca de cómo, detrás de cierta actitud indiferente pueden esconderse los celos. La relación entre celos y seducción se torna inevitable y a veces se seduce a otro para buscar encender la pareja o como venganza. Si uno en la pareja va a una fiesta, el otro querrá irse a una fiesta también, por el solo hecho de vengarse. Ahora bien, en definitiva, la venganza tendrá que ver más con el enfriamiento y la desafectación. No constituye un pecado capital en sí porque es una forma de la ira.

La pereza se presenta como un pecado distinto, enigmático, porque se suelen leer los pecados desde el punto de vista del exceso. Pero es aquí donde el autor refuerza su idea de que tienen que ver más con las faltas. Un buen cristiano no puede ser falto de voluntad. Esta pereza choca con los discursos voluntaristas que muchas veces consumimos, tales como: “ponete las pilas, vamos para adelante o no aflojes”.

El autor también expone el vínculo entre la melancolía y la baja autoestima que a veces se da en algunos artistas, en ese sentimiento de frustración cuando nadie paga por sus obras. La melancolía aparece como un sentimiento más cercano a una actitud paranoide.  Asimismo, otro vínculo que encuentra Lutereau es el de una actitud soberbia con una necesidad de cariño. Con respecto a la envidia, se la nombra como sana o buena, aunque bien se ocupa él de aclarar que siempre es maligna.

Las oportunidades de conocer a otros, en las redes, son más que evidentes. Esto puede intensificar los celos y multiplicar las instancias de seducción. En esta época, quizás más que en las anteriores, sentimos siempre la amenaza de perder al ser amado: el miedo de que nos dejen o conozcan a alguien nuevo. Revisar las redes de los ex puede ser una especie de compulsión o manía. El autor recalca que Freud fue injusto con las mujeres porque consideraba que los celos en la mujer son patológicos, mientras que los celos del varón no lo son.

Estamos ante un libro que fascina por sus revelaciones sobre lo humano. Con una mirada perspicaz, Lutereau desnuda los vínculos, los desmenuza una y otra vez hasta llegar a la médula. “Hoy estamos todos locos. Lo sabemos y no nos importa. Somos pecadores”, sostiene Darío Sztajnszrajber, autor del prólogo del libro. Y Miserias hipermodernas nos deja la pregunta revoloteando, como una más de nuestras obsesiones: ¿porqué vivimos tan mal? ¿será que estamos locos y que el amor es la única forma de sanar estas miserias? El pecado mortal será negarse la posibilidad de vivir lo erótico y lo afectivo en nuestros lazos, dejarlos morir por pereza, lujuria, envidia, ira o avaricia.

 

Luciano Lutereau


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