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15 mayo, 2023

Rapunzel y el estrago materno

Por María Nieves Gorosito

Rapunzel y el estrago materno

Rapunzel canta: ¿Cuándo comenzaré a vivir? La joven, que está a un paso de alcanzar la mayoría de edad, se interroga acerca de la libertad. Sus pulsiones son una nota discordante en la vida que lleva bajo la sombra de una madre omnipotente, cuyo deseo es ley.

 

La pequeña Rapunzel nace e inmediatamente es introducida por madre Gothel en una díada mortífera que refleja la cara oscura del arquetipo materno de Carl Jung. Según el psiquiatra, todo arquetipo posee dos aspectos: uno luminoso y otro oscuro. Hablamos de luminoso cunado nos referimos a la madre nutricia; oscuro, a la madre devoradora.

En el comienzo de la vida el cachorro humano vive exclusivamente a través del Otro y en plena identificación con quien cumple la función materna; esta no solo es precondición física, sino también psíquica para el niño.

En la película, el personaje de Gothel es una hipérbole del lado oscuro materno, una verdadera villana. Secuestra a la princesa para poder hacer uso del don rejuvenecedor que posee el cabello rubio y largo de la joven. Sin embargo, el estrago materno no siempre está relacionado con la extrema maldad de quien ejerce la función, sino que, en la mayoría de los casos, se da de manera inconsciente.

Silvia Bleichmar habló de las crueldades del amor y se sirvió de un cuento para explicar la idea. Les hago un pequeño resumen del mismo:  un pajarito volador es adoptado por un ave que no sabe volar, y como es de esperar a medida que el pajarito crece, lo hacen también sus alas. Pasado un tiempo, una bandada de pájaros de la misma especie que la cría pasa por el pueblo donde habitan. La madre piensa “si supiera volar, le enseñaría a mi hijo a hacerlo y lo vería retozar en el cielo con sus iguales”. Por el otro lado, el pajarito razona: “si mi madre, que es tan sabia, aún no me ha enseñado a volar es porque no debe haber llegado mi tiempo de hacerlo”.

¿En verdad, es el deseo materno que el pajarito vuele? Sin duda, lo es. Aunque la mamá-ave pueda temer a que por el vuelo se marque la diferencia entre ambos y la cría se vaya de su lado. Esto no sería producto del odio de la madre, sino de las crueldades del amor, concluye Bleichmar.

La razón por la que madre Gothel no quiere separase de Rapunzel es el cabello mágico. El pelo de la joven es el cordón umbilical que la sujeta y no la deja escapar del deseo materno. La lógica freudiana explica que las mujeres buscan en el hijo la sensación de completud. Muchas mujeres recuerdan con nostalgia sus embarazos: cargando al niño dentro de su vientre no se sentían solas. Pero, luego de haber dado a luz, las invade una sensación de vacío que parece venir de su vientre deshabitado. Lacan explica que el deseo de la madre tiene sus raíces en la falta y el deseo de completud. En este juego el niño queda completamente a merced del deseo caprichoso de la madre, desamparado ante la omnipotencia de ella.

El cordón umbilical (el cabello) crecía y se hacía más fuerte y poderoso, pero, también, a medida que la niña se hacía mayor las pulsiones la empujaban hacia la conquista de su libertad. Los deseos de Rapunzel comienzan a entrar en conflicto con la ley de aquel vínculo asfixiante. La angustia, la culpa y las discusiones con Gothel lo revelan.

Rapunzel quería salir de la torre y conocer las linternas mágicas. Este impulso no era otra cosa que el deseo conocer su verdadera identidad. Para la hija salir de la torre es un tema tabú, porque desataba malestar en la madre. “Sabia es mamá” le canta Gothel a su hija (pequeña ave) y enumera los supuestos peligros de la libertad, le infunde miedo “algo saldrá mal, yo lo sé”. “Ingenua, torpe, no sobrevivirás, madre te apoya y te advierte nada más”. Alimenta la inseguridad de Rapunzel para meterla bajo su ala “madre está aquí, madre te protege. Nadie más te ama…sabia es mamá”.

Si el deseo de la joven persiste, desatará el enojo de la madre y la prohibición “Te prohíbo que desees dejar la torre”, dice Gothel en un exabrupto que se constituye en un acto fallido. Le prohíbe desear, porque si Rapunzel desea se convierte en sujeto y deja de ser objeto de ella. Si el cabello (cordón umbilical) es cortado, la madre quedará indefensa frente a su propia falta. Gothel también es esclava de aquel vínculo al no tener deseo de algo más que de su cría. De allí la importancia, según Lacan, de que la mujer no sea toda madre y que su deseo diverja hacia otro lado y no recaiga todo sobre el niño.

Jacques Lacan describió el deseo de la madre como la boca de un cocodrilo que busca engullirse su cría, y es el padre el que puede introducir el palo que traba la boca dándole una salida al niño. Si no se produce este pasaje, habrá una fijación en el estrago a la ligazón-madre (estrago materno). De esta manera, no hay posibilidad de un proceso de discriminación que permita tanto a la madre como a la hija tener su propio espacio corporal y psíquico. Gothel y Rapunzel no pueden pensarse fuera de aquel vínculo. Una relación en la que hay un amo absoluto (madre Gothel) y una víctima sacrificial (Rapunzel). La joven queda atada como si el cordón umbilical no se hubiera cortado nunca.

Es decir, el estrago materno se produce si la madre no puede sostener su división entre su rol materno y la mujer. Solo no habrá fijación si ella deja ver a su hijo que no es toda madre, que su deseo de madre no lo colma todo, y que es capaz de desear otra cosa más allá del hijo.

Para que se de este corte es fundamental la función paterna, el significante del nombre del padre. Es este el que deberá barrar al significante materno: su accionar es el de permitir emerger el deseo (ya no como deseo de la madre) sino como función del sujeto. En la película que estamos trabajando aquel significante del nombre del padre lo ocupa Flynn Raider, el ladrón que huye de la ley y que por accidente descubre la torre en la que Rapunzel se encuentra encerrada. Él es quien ayuda a la joven a liberase de las ataduras de su madre. Literalmente, corta el cabello de Rapunzel y, simbólicamente, corta el cordón umbilical que la esclavizaba al deseo materno. La figura de Gothel se desvanece y Rapunzel recupera a su verdadera madre.

 

 

Bibliografía

 

María Nieves Gorosito.

Realizó estudios de materias de la carrera Licenciatura en Letras en la UNR (Universidad Nacional de Rosario), y de la carrera Licenciatura en Psicología en UCES (Universidad Ciencia Empresariales y Sociales), San Francisco, Córdoba.  

Es autora del ensayo «El fenómeno Queen desde la mirada del psicoanálisis vincular» (Editorial Alción) y de la novela «PANAMBI» (Selecta, de Penguin Random House).

Coordina los talleres literarios RAYUELA, modalidad presencial y a distancia.

IG: @maríanievesgorosito
FB: María Nieves Gorosito (Escritora)


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