Julieta Strasberg: Umbrales de fuego
Por Etan Niño
—El universo creativo de Julieta Strasberg habita ese ambiguo territorio donde la memoria, las heridas y la ficción se amalgaman en un mismo gesto de transformación. Abogada, profesora y mediadora de profesión, su propuesta literaria surge de la intimidad, del juego y de la necesidad vital de dar voz a las infancias vulneradas, los fantasmas familiares y los vacíos que deja la historia. A través de una red lírica y narrativa articulada por neologismos, paisajes oníricos, presencias ominosas y una constante exploración del cuerpo como territorio de resistencia, Strasberg construye un refugio donde la palabra funciona como un acto de sanación, sublimación y reencuentro con los otros y con uno mismo.
En el marco de la publicación de su primer libro, Umbrales de fuego, conversamos con Strasberg sobre la exposición pública, la génesis simbólica de sus pinturas e invenciones léxicas, el duelo generacional vinculado a la dictadura y la memoria colectiva, la poética materna del dolor y la dualidad de sostener una vida diurna entre leyes mientras de noche se atraviesan las sombras del arte y la creación.—
Etan Niño: ¿Cómo te ha cambiado la vida desde que publicaste este libro?
Julieta Strasberg: Escribo desde hace mucho tiempo y siempre me daba vueltas la idea de poder compartir, en algún momento, todo aquello que iba creando. La escritura siempre fue para mí un acto muy solitario y personal. De hecho, muy pocas personas sabían que yo escribía. Tomaba talleres y, en algunas ocasiones, les preguntaba a mis amigos si les podía leer lo que había escrito.
Llegó un momento en que había acumulado tanto material, tenía tanto para decir y compartir, que necesité que mi escritura saliera de ese espacio solitario y privado y fuera al encuentro con los otros. Primero fueron los amigos, los conocidos, la familia, la gente de mi entorno cercano, pero necesitaba presentarme como escritora y ver qué le pasaba al otro con eso que yo escribía.
Para mí, publicar el libro fue justamente eso: salir al encuentro con los otros y recibir sus devoluciones, las cuales vienen siendo muy buenas, muy positivas; y eso me tiene contenta. Muchas personas de mi círculo cercano se han encontrado en mi escritura, porque tomo nombres, gestos, anécdotas, un trazo, una huella, algo que el otro me dejó, y lo reinvento con palabras. Me gusta que la gente se encuentre en lo que escribo y me emociona saber que alguien leyó el libro, o cuando un amigo o una amiga me manda una foto con el libro desde
una playa o un café.
Este proceso no ha significado un cambio profundo ni identitario, pero sí me ha dado la posibilidad de compartirme y de abrir nuevos diálogos. Desde que salió el libro me siento menos sola. Si ya leíste algo mío, entonces nos conocemos un poco más y somos un poco más más cercanos. Eso es bastante emocionante.
EN: ¿Es tu primer libro publicado formalmente? ¿Habías escrito otras cosas antes que quizás no han sido publicadas?
JS: Efectivamente, es mi primer libro publicado formalmente. Tengo dos poemarios escritos que aún no han salido a la luz. Corregirlos y armarlos de modo que adquieran una identidad como libro me lleva mucho tiempo. Para mí es más espontáneo escribir poemas, cuentos o fragmentos, pero después formar una constelación que tenga sentido es otro trabajo.
Además de estos poemarios que están ahí y me miran preguntándome. “¿Cuándo me vas a corregir?” “¿Cuándo me vas a armar?”, he intentado escribir dos proyectos de novelas que quedaron truncas porque, en algún momento del camino, me empantanaba. Ahora estoy terminando de escribir una tercera novela, con la que estoy fascinada. Me encuentro en ella. Cuando la leo, me parece que no la hubiese escrito yo.
EN: ¿La portada la pintaste tú? Una vez terminado el libro siento que es una hermosa y precisa síntesis visual de lo que contiene el libro. En él hablas de colores, de ecos, de sombras, de elementos, energías y personas que están y no están, que desaparecen, que aguantan en la memoria o que definitivamente se despiden. Al centro, la figura de un feto o un ser pequeño que se ve inmerso en este mundo de estímulos que sacuden el cuerpo y la imaginación. ¿Qué significa para ti esta pintura y por qué decidiste utilizarla como la portada de tu libro?
JS: Sí, la portada la pinté yo y es exactamente lo que vos decís. En la pintura vemos a un feto, un ser pequeño o la esencia interna de una persona que, a pesar de estar rodeada de colores vibrantes, se encuentra en una situación vulnerable, y se protege. Está rodeada: hay ecos y seres que la visitan, se encuentra inmersa en una especie de torbellino de fantasmas, espíritus o presencias cuyas intenciones que desconocemos. Puede que la estén cuidando, amenazando o ambas cosas, es ambiguo.
Siento que esto refleja muy bien lo que pasa en el libro, porque no sabemos si estos ecos están ahí para acompañar u hostigar, si son presencias ominosas, si son ideas obsesivas, ni siquiera si son presencias internas o externas.
La elección del cuadro no fue tarea fácil porque tenía muchas opciones. En algún momento incluso pensé en poner algo de otra persona, pero un amigo, Martín Gorricho, que es diseñador, me convenció de que usara algo mío. Me pasaba que ya sentía mucha exposición al estar publicando algo que había escrito y, a eso, sumarle un cuadro mío en la portada me parecía un montón.
Lo sentía como abrir las puertas de mi intimidad, mostrar mis fantasmas, mis desvelos, mis sueños, mis anhelos; mostrar más verdad que en cualquier otro momento. Por eso me pareció un montón poner algo mío también en la portada, pero luego me cerró perfecto cuando vi la pintura ahí.
Fue un reto seleccionar un cuadro que invitara a la lectura. Me daba miedo que alguna de mis otras pinturas, que son más fuertes o más oscuras, impidiera que la gente se acercara al libro, por temor a encontrar ahí algo que no hay.Finalmente, salió todo bien y me parece que el cuadro seleccionado logra hacer esa invitación.
EN: Hablemos un poco del título, Umbrales de fuego. El libro está plagado de umbrales que se manifiestan de distintas maneras en las vidas de los personajes que habitan tus mundos, pero ¿por qué umbrales de fuego?
De dónde viene esa figura, qué simboliza en tu vida y por qué crees que contiene en esencia el espíritu del libro?
JS: Los umbrales han estado presentes en mi vida desde muy temprana edad, sobre todo en esos espacios de espera, de paréntesis.
Hay un cuento donde una niña aprende a esperar: “a su mamá, al micro escolar, en casas ajenas, en patios de clubes cerrados”. Esa niña soy yo. Mi madre trabajaba, así que pasaba mucho tiempo sola librada a mi suerte. En esos umbrales podía pasar de todo: podía atravesarlos sin que pasara nada o podía encontrarme con el fuego y quemarme. Otras veces podía resurgir de esas cenizas para seguir atravesando otros umbrales más alegres.
El umbral también se presenta en el libro como un espacio mágico de transición entre un mundo y otro, sobre todo entre mundos internos, mentales, en los que uno aprende a jugar, a pensar, a observarse, a entrar en uno mismo.
Había momentos de mi infancia en los que buscaba cruzar estos umbrales internos y le decía a mi mamá: “Mamá, ¿me puedo ir a jugar un poquito adentro?”. Jugar adentro era cerrar los ojos y que no me hablaran para poder adentrarme en mi cabeza. Ahí me armaba novelas e historias con personajes, tramas y conflictos intrincados. Buscaba en la vida cotidiana momentos para
poder entrar en estos mundos internos que eran mi vía de escape. Eran momentos en los que podía vivir otra vida, realizar otros sueños, abstraerme de todo lo que tenía alrededor.
Es por todo esto que se me hizo muy evidente que los umbrales tenían que estar en el título. En un primer momento pensé en ponerle Umbrales de ceniza, en referencia a la huella, al rastro, a lo que queda después de atravesar el fuego, pero alguien me dijo que la ceniza era algo apagado y que “vos sos todo menos algo apagado”. A mí me encanta la idea del fuego como algo que transforma, que purifica. A veces hay que prenderle fuego a todo para empezar de nuevo. Ahí dije: “Es verdad, son Umbrales de fuego”.
Tengo ya pensado un título para la segunda parte: Rescoldos. Los rescoldos son esos carboncitos que parecen cenizas apagadas pero cuando los tocás te quemás, porque adentro todavía conservan el fuego y pueden volver a encenderse con apenas una brisa. Rescoldos también está ahí, pendiente de edición.
EN: Una figura recurrente en tus relatos es la niña, escribes sobre niñas que habitan entre nubes, niñas fantasmas, niñas hechas de memoria. Siento que la niña es la que mantiene vivo el recuerdo de un algo que ya se perdió pero que sin embargo persiste. ¿Podrías profundizar en esta figura y la importancia que tiene para ti?
JS: Siento que escribo desde esa niña. Escribo con su memoria, con sus restos y con sus ganas de jugar todo aquello que no pudo jugar.
La pongo a jugar de nuevo, la cuido, la saco a pasear, la mimo un poco. Escribo para esa niña, para resignificar esas vivencias. Creo que las niñas representan a las infancias, que son muy vulnerables y también muy vulneradas.
El arte puede dar palabra, alegría, color y vida. Por eso escribo desde esas niñas, desde esas memorias en las que me veo reflejada.
EN: Que lindo. Se nota mucho en tu escritura esta idea de cuidar a esta niña, de sacarla a pasear, de maternarla. Siempre somos y cargamos con esa niña o niño interior, por lo tanto, verlo, poder abrazarlo y estar ahí desde la escritura o de cualquier otra forma, es algo muy necesario a nivel de una evolución y sanación personal.
JS:Maternar me parece que es la palabra justa. Maternar a esa niña que, a lo mejor, necesitó más cuidado para no tener que atravesar sola tantos umbrales. Nunca es tarde para empezar a cuidar.
EN: Además, empezar a hacerlo desde la expresión artística me parece que es un acto casi mágico. Poder resolver o mirar desde otro lugar las experiencias que nos atraviesan a través del arte es una capacidad humana impresionante.
JS: Es eso que dicen de sublimar a través del arte, que parece un lugar común, y quizás lo es, pero no por eso deja de ser importante, al contrario. Quizás quien no haya tenido la oportunidad de vivir esta experiencia no lo termina de entender, pero es muy transformador ver convertido en un cuadro, un cuento, una novela, algo que fue muy duro, difícil, traumático, o incluso alegre. De repente, es como que le das un sentido diferente y todo aquello que viviste adquiere otro significado. Sos capaz de decir “Bueno, para esto pasó”.
Por supuesto que es un consuelo también, una búsqueda de explicación. Uno se dice estas cosas para poder vivir un poco mejor, pero también hay un punto en el que entendés que todo eso que nos ha pasado nos ha constituido y verlo plasmado de manera artística ayuda a que no pese tanto.
EN: El libro me parece una suerte de purga emocional, tanto de tus experiencias personales como de tus herencias familiares, con un toque de realismo mágico, ¿sientes que este libro ha sido parte de un proceso de sanación personal?
JS: Sí, ha sido un proceso de sanación. Hay cuentos que nacen de experiencias personales o familiares, como Cristales, A la sombra de un lapacho o Muñeca de alfajor, entre otros. Estos cuentos me permiten abordar poéticamente mi propia historia a través de la ficción.
Ha sido y sigue siendo un largo proceso, porque sigo escribiendo. Umbrales de fuego fue un libro con muchos retoques, correcciones y nuevas correcciones. Muchos cuentos quedaron fuera de la selección final, y pienso incluirlos en Rescoldos, la continuación. En ese sentido, el proceso continúa.
Para mí, toda mi creación forma parte de un mismo proceso, ya sean poemas, fragmentos, cuentos, novelas, pinturas. Todo es parte de un mismo continuo. Yo sigo viajando hacia adentro, sigo tomándome mis momentos. Pese a que soy una persona muy sociable, necesito mi soledad y mis madrugadas, fines de semana o momentos robados a la rutina para poder seguir cruzando estos umbrales interiores y creando, recreando y resignificando situaciones y ivencias.
El cuerpo está muy presente en toda la obra como sufriente, como moneda de cambio, como padecimiento, como proyecto inacabado o en eterna reforma. Sobre el cuerpo de la mujer, porque yo escribo desde mi lugar como mujer, atravesada por estos tiempos en los que las mujeres nos atrevemos a tomar más la palabra, a expresarnos, a denunciar y a reclamar. Aunque las mujeres siempre han creado, han escrito y han pintado, hoy contamos con otros espacios para tomar la palabra. A través de mi arte también intento sanar como persona y como mujer
EN: Entre los elementos y personajes recurrentes en tu escritura se repiten los alfajores y los dragones. ¿Qué significado simbólico tienen para ti? Además de esto, me percaté de que el agua también está muy presente, en forma de tormentas, lluvias, goteras, charcos, estelas vapores, rocíos y recuerdos de orilla. ¿Podrías contarme un poco de tu relación con este elemento y su importancia en tu vida y este libro?
JS: Los alfajores aparecen en el libro del mismo modo en que aparecieron en mi vida. Siempre fui una niña a la que cuidaron mucho por el tema del peso, fui muy vigilada en relación al cuerpo, por lo tanto, ese permiso se volvió sinónimo de la gravedad de un asunto.
El alfajor es el símbolo de algo dulce, pequeño y que da consuelo. A veces uno busca afuera ese dulzor que no se obtiene de otra forma. De todas maneras, es paradójico, porque cuando te dicen que comas algo para consolarte es porque ya no hay nada que te pueda consolar realmente.
Por otro lado, en el cuento Muñeca de alfajor, la niña le da un pedazo de su alfajor al dragón para ver si se calma porque es lo que aprendió. Quizás por un momento parece calmarse, pero solo brevemente. Hay algo que se puede disimular con un poco de dulce, pero no del todo, porque vuelve.
El dragón me pareció una figura maravillosa. Primero, por lo mítico, por lo desafiante, por lo grande, por la imaginería que genera. Me interesa que sea hermoso pero temido, que puede destruirte pero, si lo tienes de tu lado, también puede protegerte.
El dragón habita en la mente de los niños. Fue una manera de representar lo ominoso, algo que acecha, que está pero no existe, algo que está en tu cabeza y que puede prenderte fuego o protegerte. Me pareció la figura perfecta para condensar todas estas posibilidades en una imagen.
Además, el dragón lanza fuego por la boca y las palabras pueden ser ese fuego que sale por la boca. Entonces, qué mejor que un dragón para decir con fuego lo que uno quiere decir y no dice.
Con respecto al agua, somos agua, estamos atravesados por ella. Es vital. Mi madre dice una frase que me marcó mucho: “Hizo falta tanta agua para apagar tanto fuego”. Entonces, cómo no iba a estar tan presente el agua en todas sus formas posibles, si para apagar el fuego necesitamos agua.
También está presente el aire, en forma de viento: el que arrasa o el que aviva las llamas del rescoldo. Quizás lo que menos está presente es la tierra en las vidas de mis personajes, aunque es lo que sostiene todo.
EN: Al enfrentar esta lectura te encuentras cara a cara con la nostalgia, el cambio, el recuerdo, la ausencia, la fragmentación de la memoria y la importancia del ser nombrado. Intuyo que esto, además de tener una íntima relación con tu infancia, también está ligado a la dictadura. ¿Podrías profundizar en esta dimensión de tus relatos? ¿Qué papel cumplen las cenizas en todo esto?
JS: Yo nací en el 78. En mi época, las infancias no lo decíamos, pero sabíamos que estaban pasando cosas. Por ejemplo, era un insulto decirle a otro que era adoptado, pero no por la adopción en sí, sino porque en el fondo residía la posibilidad de ser un hijo o una hija de desaparecidos.
Nuestros padres aprendieron que “el silencio es salud”. Entonces, somos una generación a la que le enseñaron que no había que hablar, que no había que meterse, que lo mejor que podíamos hacer era estar calladitos.
Yo nunca fui muy calladita con esos temas. Hasta hace poco fui directora de la carrera de Abogacía en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Por lo tanto, he acompañado toda esta lucha muy de cerca y me llega mucho. Me duele la historia. Conozco a algunas de las Madres y conocí a otras que ya no están, y siento que como país, tenemos una deuda tremenda en cuanto a nombrar y reconocer.
Estamos en deuda con un montón de familias que, a día de hoy, no han podido encontrar la paz, con muchas infancias que fueron arrebatadas y que hoy tienen mi edad y no saben su verdadero nombre, ni cuál es su familia biológica.
Tenemos una herida eterna como país, que me interpela y me hace pensar en la identidad, en estas abuelas y madres que son y han sido mujeres valientes que nos desafían a pensarnos como sociedad.
Siento que últimamente no estamos a la altura de este legado. Es como el sinsentido de Sísifo.
La importancia de las cenizas radica en tener la posibilidad de llorar un resto que nos permita sentir y transitar un duelo y así, ojalá, encontrar la paz
EN: Noté que tienes una cierta obsesión con personajes que son artistas frustrados, nostálgicos, apagados y, muchas veces, relacionados a lo incompleto; aunque siempre en ellos habita una luz interior muy potente que funciona como su motor de existencia. Vi por ahí en la bio de tu instagram que te defines como “Abogada, profe y mediadora de día.
Pintora, escritora y crítica teatral de noche.” ¿Hay algo de estos personajes en ti? ¿Cuéntame sobre cómo balanceas estos dos mundos en tu vida y por qué hay uno que está en la luz y otro en la sombra, metafóricamente hablando?
JS: Sí, por supuesto que hay algo de mí en cada uno de esos artistas a los que puse en todas las formas de la creación posibles y en la búsqueda constante de saciar esa incompletitud y esa imposibilidad que surge al crear.
El mundo artístico es un mundo de incompletitud, es un mundo abierto, poroso, que está siempre a la búsqueda de otra cosa, de otra forma de decir o de hacer. Aun cuando una creación se encuentra con la mirada de otro, como sería en el caso de un libro publicado o una pintura colgada, por ejemplo, no deja de ser una obra inacabada, porque el punto final es una cuestión meramente arbitraria: la obra siempre puede volver a someterse a cambios y
transformaciones.
Convivo constantemente con una sensación de frustración, de inconformidad y con esta idea de que “lo podría haber hecho mejor”. Creo que ese es el motor que está presente en estos personajes; es lo que hace que uno siga creando.
Me parece que es difícil crear algo que, al menos a mí, me parezca atractivo de mirar, si no viene de un lugar que tenga algo de dolor, de sufrimiento y de frustración. Si uno se conforma con la primera línea que escribe o con el primer trazo que tira, no hay búsqueda de perfección ni intención de mejorar, hay conformismo y, generalmente, lo primero que sale no tiene mucho valor.
Hay que seguir cavando y capaz que te llenás de tierra y salís hecha un desastre, toda despeinada y desprolija, pero ahí pasan cosas. Si no te enterrás un poco, si no metés las manos en el barro, si no te manchás, si no sufrís, si no llorás, si no puteás, si no arrugás hojas y las tirás; si no decís “qué mal que me salió esta tela, la voy a pintar de nuevo”, o “esto no se lo puedo mostrar a nadie”, si no pasa eso, para mí no hay arte que valga la pena ver o que valga la
pena siquiera llamar arte.
En relación con el equilibrio de estos dos mundos, creo que esta situación se dio en mi vida por una cierta cobardía, influenciada por un origen humilde y una necesidad de sobrevivir. Es difícil vivir cien por ciento del arte si no se tiene plata, apoyo económico o un mecenas. Por esta razón, mi madre me metió en un colegio comercial, pese a la recomendación de mis profesoras de enviarme a uno artístico: ella quería que yo tuviera estabilidad económica.
En definitiva, lo que yo tengo cuando salgo de la universidad y soy abogada, mediadora y profesora de ciencias jurídicas es un trabajo; pero en el arte tengo una pasión, una vocación. En el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, yo soy. Lo otro es una máscara que me pongo para subsistir. Entonces, de día subsisto y de noche, en la intimidad conmigo misma, soy.
EN: Una de las cosas que me llamó más la atención cuando comencé a leer y durante toda mi lectura, es el tema de la cantidad de neologismos o palabras inventadas que introduces al inicio de cada pequeña historia, los cuales se vuelven una parte muy importante de estas. Siento en ti una pulsión por hacer que una palabra contenga mucho más de lo que acostumbramos a que contengan. Cuéntame un poco de tu relación con
estos neologismos, cómo se te ocurrieron y qué significan para ti en tu escritura.
JS: Los niños inventan palabras. Cuando no tienen una definición clara, buscan explicaciones, siempre buscan explicaciones para todo y, si uno no se las da, se las inventan. En el espíritu de escribir desde las infancias o desde esas niñas, este juego con las palabras se hizo muy natural.
Inicié la creación de estos neologismos a partir de un ejercicio que me hizo Gabriela Stoppelman, que consistía en inventar un diccionario que perteneciera a un universo propio. Ese mismo universo está desplegado en los cuentos como una constelación con un triple efecto: en primer lugar, son un respiro, porque a veces, entre cuento y cuento, uno necesita tomar un poquito de aliento; en segundo lugar, estas definiciones personales existen para contar lo que no alcanzan a contar las palabras; y, en tercer lugar, funcionan como invitaciones: son las llaves para cruzar los umbrales.
El neologismo que está definido antes de cada cuento me permite intuir que algo de eso me voy a encontrar en el cuento, ya sea que la palabra aparezca literalmente o no, porque a veces no la uso directamente. Si la uso, la pongo en negrita para que no se piense que es un error de tipeo.
Hay algo de estos neologismos que resuena mucho en mí y me emociona. A veces me parece que es más profunda esa definición que todo el cuento que la contiene. Es como lo poético, que muchas veces es inexplicable, pero actúa como un disparador de imágenes. Estos neologismos trabajan con esos elementos y generan esa posibilidad de entender el umbral que estamos por
transitar.
EN: A propósito de lo poético, pese a que lo que predomina en tu libro es la prosa, hay momentos muy importantes donde la poesía se hace presente con contundencia. ¿Cuál es tu relación con la poesía?
JS: Es una relación de búsqueda y de frustración también, porque lo poético se nos escapa, no tiene una fórmula. Me parece que la poesía es muy bella, muy profunda y muy difícil de abordar. Debe ser uno de los géneros más difíciles de hacer, les tengo mucho respeto a quienes escriben poesía.
La poesía también se vincula con mi infancia porque mi mamá escribía. Entre los libros que ella tenía, además de las enciclopedias, Las mil y una noches y Los Cuentos de los Hermanos Grimm, había un compendio de poesía universal, que ella me leía antes de que yo pudiera leer y que luego me hacía aprender de memoria. Entonces, cuando yo era chica, declamaba y ella me explicaba qué querían decir esas palabras.
A mis cuatro o cinco años estaba en el patio de la Escuela Nro. 8, Distrito Escolar 20, de Liniers, con un micrófono en la mano, declamando frente a toda la primaria la poesía que mi mamá me hacía memorizar.
Mi madre era todo un personaje. Aún lo es. Creo que si escribo se debe un poco a ella. Mi mamá escribía de día y, a la noche, lloraba mientras rompía en pedazos todo aquello que había escrito. Yo lo hago al revés, porque escribo de noche. De todas maneras una vez, a los diecisiete años, rompí todo lo que había escrito hasta ese entonces por un desamor.
La poesía fue un lenguaje que yo aprendí antes de aprender a escribir.Recuerdo que mi madre tenía, además, libros de Gabriela Mistral, Sor Juana Inés de la Cruz y Alfonsina Storni, mujeres muy potentes, sufridas y sufrientes, un poco como ella misma. Yo mamé ese dolor desde muy temprano. Por eso creo que se crea desde el dolor.
EN: Me parece muy significativo el hecho de que hayas visto a tu madre romper lo que escribía y haberlo hecho tú también, pero luego haber cortado el patrón. Muchas veces hacemos cosas que parecen no tener importancia, pero cuando se las ve en perspectiva uno cae en cuenta de la potencia que tienen esos actos.
JS: Sí, totalmente. Hablando de la potencia de esos actos, mi padre, sin querer, fue el que me introdujo en el arte a muy temprana edad. Como él era un varón joven cuando yo era chiquita y no sabía muy bien qué hacer conmigo, decidió inscribirme en un taller de arte en La Boca. Como las clases eran de 9 a 12, él tenía al menos cuatro horas aseguradas en las que no tenía que inventar qué hacer conmigo. Después de eso íbamos a comer y era otra historia, pero recuerdo que él fue el primero en comprarme materiales de arte y ponerse a pintar conmigo. Sin quererlo, me introdujo en un mundo que luego se convertiría en una de las dimensiones clave de mi expresión artística
EN: Cuéntame un poco sobre la articulación organizativa del libro. Lo dividiste en tres partes, cada una titulada con un neologismo. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión y cómo fue el proceso de construcción?
JS: Esa fue la parte más difícil. En un inicio, mi idea fue organizar los capítulos
o las partes del libro por temas, pero cuando se lo presenté a Gabriela Stoppelman como “terminado”, ella me sugirió volver a revisar la organización y encontrar un orden distinto. Estuve un año entero reorganizando todo.
La idea de este ejercicio de reorganización era volver a leer cada cuento y encontrar una línea poética que los conectara desde una profundidad distinta.
Esta forma organizativa le dio otro dinamismo al libro, y terminó siendo un libro completamente diferente al que yo había proyectado en una primera instancia.
En la primera parte, titulada Ancestrario, que significa: “Archivo invisible donde reposan las brasas de lo que aún respira en la memoria; su consulta requiere viento, sal y un juramento que no se cumpla”; busqué jugar con los vestigios mágicos de la memoria y con lo heredado.
En la segunda parte, titulada Cronofracta, que significa: “Dícese del tiempo que, incapaz de sostenerse entero, se quiebra en pedazos y se dispersa, dejando que las horas se escapen por las rendijas como agua mal contenida”, quise hablar del tiempo fragmentado, de los pliegues del tiempo en todas sus formas. Es quizás la parte más fuerte del libro en cuanto a la crudeza de los relatos.
Y en la tercera parte, titulada Ausentario, que significa: “Inventario incompleto de vacíos: los que dejan las personas, las palabras, los objetos, y el que crece adentro. Se escribe con tinta invisible y se lee en silencio para no espantar lo que falta”; están presentes de manera explícita todas esas ausencias que habitan el libro. Aquí me embarqué en un intento por reconstruir los umbrales desde lo poético.
Pese a que está organizado de esta manera y a que propone un determinado orden, me parece que su lectura no tiene por qué ser necesariamente lineal. A la gente le he sugerido que, si no le gusta un cuento, se lo salte y siga con otro, porque seguro que en algún momento se encuentra con uno que sí le va a gustar.
EN: ¿En qué te encuentras hoy y cuáles son tus planes para el futuro en términos creativos o escriturales?
JS: Como te decía, estoy avanzando con este tercer intento de novela, titulada Vas a estar bien, que me tiene atrapada. Estoy fascinada con la posibilidad de poder contar la historia de una mujer que está transitando la venta de su casa familiar. Es un libro que me permite reinventar el futuro. Aún estoy trabajando en el borrador y la fase de corrección puede tomar bastante tiempo, así que no sé cuándo estará listo.
Me pasa con la escritura, al igual que con la pintura, que no puedo trabajar en una sola cosa a la vez. Así que, en paralelo con esta novela, estoy avanzando en la segunda parte de Umbrales de Fuego, titulada Rescoldos. En el proceso creativo puedo hacer las cosas de esa manera, pero, si estoy corrigiendo, tengo que enfocar toda mi atención en esa tarea, así que voy por partes.
Cuando estaba escribiendo Umbrales de Fuego y organizando los cuentos por temas, dejé de lado todo un apartado dedicado al amor. Entonces, ahora estoy trabajando esos cuentos. Casualmente, los rescoldos tienen más que ver con historias de amor que los umbrales, así que calza perfecto con esta segunda parte.
Mucho de lo que he escrito en este último tiempo en relación con la novela, se ha hecho realidad. Es increíble, pero por eso te mencionaba que es un libro que me permite reinventar el futuro. Creo que el inconsciente sabe mucho más de lo que queremos aceptar, conoce las cosas antes de que sucedan y tiene más respuestas de las que creemos. Me he dado cuenta de que escribo para encontrar respuestas y explicaciones, aunque sean inventadas. Escribo porque, después de escribir, las cosas tienen más sentido para mí, ya sea porque lo encontré o porque me lo inventé.
Si quieres adentrarte en los Umbrales de fuego puedes adquirir el libro tanto en su edición física como en formato digital directamente en la web de Acercándonos Cultura:
https://www.acercandonoscultura.com.ar/libro-344-umbrales-de-fuego.html
Julieta Strasberg (Buenos Aires, 1978)
Es abogada, mediadora y docente universitaria. Su trabajo transita entre el derecho, la docencia, la crítica teatral, la gestión cultural y la escritura.
Ama la pintura desde la infancia y estudió Artes Visuales en el IUNA. El teatro y el tango —con su respiración urbana y su lengua propia— atraviesan su sensibilidad y su forma de mirar la ciudad.
Desde 2016 se forma en talleres literarios coordinados por Gabriela Stoppelman. Sus textos se mueven en los bordes entre narrativa y prosa poética, y escriben desde los márgenes: desde esos umbrales donde la experiencia se cruza con la memoria, el cuerpo y la ciudad.
Ha publicado críticas teatrales y textos culturales en El Anartista, El Gran Otro, Entredicha y ABC Mundial, y participó en diversos programas de radio dedicados al teatro y la cultura.









