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16 julio, 2024

Entrevista a Carlos Fidalgo – “La ficción es un universo en sí mismo que tiene que sostenerse”

Por Angie Pagnotta

Entrevista a Carlos Fidalgo – “La ficción es un universo en sí mismo que tiene que sostenerse”

En una cálida entrevista mano a mano con el escritor español Carlos Fidalgo, conversamos sobre el panorama actual de la literatura española y mundial, sobre las motivaciones de su propia escritura y sobre la obra literaria de un escritor que reconstruye universos dentro de su propio universo narrativo.

 

Carlos Fidalgo es escritor y periodista español, ganador del premio Tristana de Literatura Fantástica y del Premio Letras del Mediterráneo, —entre otras premiaciones importantes— pero hay mucho más detrás de esos galardones. Fidalgo es un escritor versátil que, a partir de 1996, ha ido explorando la escritura como quien se aproxima a las orillas del mar, para saber si el agua está templada o fría. En intentos que no prosperaron como él hubiera deseado, en borradores que inició, que continuó y también archivó en un cajón, Fidalgo ha sabido rescatar las bases de sus historias, de sus personajes y de una trama que luego se convirtió en distintos libros que sus lectores disfrutan alrededor del mundo.

Sus novelas tienen un trasfondo histórico ineludible y trabajan una atmósfera bélica, pero también contienen de fondo una denuncia contra la violencia que tiene atrapada a la humanidad. El autor de Los dedos del diablo, El baile del fuego y Stuka, aborda la reivindicación de la condición de la mujer —a raíz de la llamada «Edad de plata» en la literatura española, en los años 30— uniéndose a la corriente de construir personajes femeninos fuertes e importantes; tal como desarrolla en sus novelas.

Me gustaría conversar sobre tus últimos libros publicados: Los dedos del diablo, es un libro que indaga la historia del Rey del Rock, y las zonas oscuras de su impacto en la cultura popular. Entiendo que fue un libro que comenzaste hace más de 14 años ¿puedes contarnos?

Es una novela de relatos encadenados, lo empecé a escribir como un libro de cuentos pero luego me di cuenta que tenía la suficiente unidad para formar una novela y los relatos, si se leen en orden, ganan la suficiente estructura como para notar que tienen un hilo conductor que los va uniendo.

Pero en realidad son más de 14 años, porque lo habré comenzado a escribir en 2006 o 2007, aunque no recuerdo exactamente la fecha. Si recuerdo que la espoleta fue nuevas informaciones que se publicaron entonces sobre cómo había muerto realmente Jim Morrison. Hasta entonces se creía que había aparecido muerto ahogado en la bañera en su casa de París, donde compartía piso con su amante, Pamela Susan Courson. En ese momento, se publicó que quizás lo habían llevado hasta allí y que quizás había muerto por una sobredosis de droga, en uno de los locales a los que había ido a buscar droga para su novia, que era heroinómana. Entonces ese fue el primer relato, que es el último del libro y a partir de ahí fueron saliendo todos. Lo fui escribiendo sin ninguna prisa y por el medio, he publicado prácticamente todas las novelas y libros de relatos que se han publicado. Así que sí, podríamos decir que es uno de mis primeros libros y el último también. Es un abanico de muchos años escribiendo, hasta destilar las historias de forma adecuada.

Eso me llamó la atención, debe ser complejo y a la misma vez sencillo (porque estás muy empapado de la obra, pero a la vez hay cierta distancia) como para poder retomarla tanto tiempo después, en algún sentido es un contacto lejano pero también familiar…

Sí, además suelo escribir varios libros a la vez. Es verdad que entre novela y novela iba escribiendo relatos y eso me divertía, me ayudaba a desconectar de otras historias y a sumergirme en relatos más breves. Lo que pasa es que al final he descubierto (antes de publicarlo) que podía encajar en la categoría de novela. Es lo que me gusta de este libro: que puede ser las dos cosas, es un híbrido y una exploración también. Pero no ha sido complicado, es verdad que cuando estoy centrado en una novela más convencional dejo los relatos a un lado, pero en este caso, los cuentos están basados en historias reales, en anécdotas, en sucesos y al final se van construyendo a la par que la propia realidad. Tal vez por eso no me ha costado nada cambiar mentalmente de una novela a estos relatos. Ha sido un disfrute, escuchaba música mientras iba escribiendo, iba reuniendo la documentación necesaria y ha sido divertido.

Algo que también me intriga de este proceso, es que escribes varias cosas en simultáneo, tanto novelas como relatos. ¿Cómo puedes organizarte para desarrollar la escritura de manera tan ágil?

Supongo que ahí influye un poco el oficio de periodista, porque estás acostumbrado a escribir rápido, a afrontar la escritura con seguridad, con la necesidad de saber que tienes que aprovechar el tiempo. Es verdad que mi oficio de periodista quita tiempo para escribir, entonces cuando tengo ese hueco lo aprovecho al cien por cien y voy a fondo. No estoy dándole vueltas a la historia, si creo que la tengo, lo importante es sentarme a escribir y dejar que vayan fluyendo las ideas. Es verdad que entre las pausas se me van ocurriendo muchas de las situaciones que luego son parte de la historia, y me encuentro con el deseo volver a casa para tener esa hora o dos horas después de cenar, que me permitan cerrar una idea que ha ido sedimentando en mi cabeza durante el tiempo en el que estaba dedicándome a otra cosa. Es un poco el manual de supervivencia: si me dedicara al cien por cien a escribir ficciones posiblemente sería más perezoso o planificaría más, o le dedicaría a las historias más tiempo, o escribiría peores historias, a veces lo pienso.

Y entre el tiempo de tu oficio de periodista que te mantiene ocupado, el de la escritura, el de la vida en general… ¿qué tiempo le dedicas a la lectura?

Es un tiempo definitivo: si no lees no puedes escribir bien. Puedes ir a todos los talleres, a todos los grados de escritura del mundo pero uno aprende a escribir leyendo a grandes autores. Me gustaría tener más tiempo para leer más, pero procuro que a lo largo del día siempre haya un momento para leer y para avanzar en alguna historia. Leo menos de lo que me gustaría pero selecciono muy bien lo que leo y trato de no perder el tiempo con un autor o una autora que en un momento dado veo que no me interesa o que no me aporta. No me importa dejarlo a medias porque sé que tengo en la estantería un montón de novelas o libros de relatos que me apetecen y que quiero leer. No acabo de entender que alguien quiera ser escritor si no lee. Y me pasa lo mismo con el periodismo escrito. No acabo de entender que haya periodistas que no leen ficciones, no hablo ya de ensayos o libros de historia, pero creo que su capacidad de expresar y de contar la realidad mejoraría muchísimo.

¿Recuerdas algún libro que estés leyendo en este momento y quieras compartir?

Estoy leyendo un clásico, de William Somerset Maugham “Una villa en Florencia”, un librito de 180 páginas que me ha encantado. Es un libro aparentemente sencillo, de escritura ágil, pero que da en el clavo y te retrata ese ambiente burgués, medio aristocrático, de la alta burguesía inglesa exiliada en la Italia fascista de los años 30 y es una historia con una trama muy bien llevada. Me interesan sobre todo las novelas cortas o novelas que no están infladas, que no están estiradas, donde no sobra nada. Eso viene un poco también del cuento, no soporto leer una novela y ver que tiene 600 páginas y darme cuenta de que el autor le ha metido soufflé, posiblemente por algún condicionamiento comercial o que la propia editorial le ha dicho “si es una novela histórica tienes que escribir 500 páginas”, pero al final el texto, la trama y los personajes se acaban resintiendo. En mis lecturas prefiero «Pedro Páramo» (Juan Rulfo) que son también poquitas páginas a «Los pilares de la tierra» (Ken Follett). Hay evidentemente un abismo entre una y la otra, pero de Pedro Páramo se aprende –que me perdone Ken Follet– pero en «Los Pilares de la tierra» llega un momento en el que te puedes aburrir…

En tu literatura se puede encontrar a menudo, la reconstrucción de elementos históricos que están bastante presentes, sea por contexto o por búsqueda, ¿qué conexión ocupa la historia en tu literatura?

Me gusta ese juego entre la realidad y la ficción que puedes tejer en una novela cuando incluyes acontecimientos y personajes históricos, por supuesto no me olvido de que es ficción y de que es mentira. Creo que es un error cuando los lectores de novela histórica se acercan a una para conocer el periodo en el que transcurre, y no se dan cuenta de que es una ficción. O esos autores de novela histórica que presumen siempre del rigor histórico de sus novelas, deberían presumir de la calidad de sus personajes, de lo interesante de sus tramas, de cómo han tejido una ficción. Yo desconfío de esos autores que presumen sobre todo del rigor, porque me da la sensación de que han escrito obras poco interesantes, poco literarias, con poco vuelo, con poca fabulación. Me gusta ese juego que se establece entre la realidad y la ficción, que el lector no sepa hasta qué punto algo que le estás contando de un personaje real puede ser mentira u ocurrió de verdad.

Además eso abre la posibilidad a que el lector interesado pueda volver sobre lo narrado y buscar sus propias respuestas, se supone que hay una búsqueda personal detrás…

Exacto y la clave de eso la da Mario Vargas Llosa que se ha dedicado bastante a narrar sobre como escribe, y acierta cuando dice «una novela es una mentira con apariencia de verdad» y lo que tenemos que reforzar es lo verosímil, la verosimilitud. No tanto querer atrapar la verdad como construir un escenario que es mentira pero que resulte verosímil, yo creo que esa es la clave. La ficción es un universo en sí mismo que tiene que sostenerse. Sigue sus propias leyes internas, su propia lógica interna y respetando esa lógica interna puedes contar la mayor de las fabulaciones. Hay que volar y alejarse de la realidad, sino no fabulas.

También publicaste El baile del fuego, una historia de amor que se desarrolla a lo largo de 18 años en un contexto histórico que cambiará para siempre después de la guerra ¿qué nos podes contar sobre el proceso creativo de esta historia?

En El baile del fuego la parte más concentrada del trabajo final fue entorno al año 2021/2022, pero este libro es una historia construida a partir de otras historias. De un par de relatos que tenían vida propia y de un par de novelas fallidas que yo tenía en un cajón. Con ese punto de partida, en 2021 le añadí los personajes principales y le di forma a ese armazón. Podría decir que lo empecé a escribir en 1996 porque ahí fue el primer intento de escribir un relato, pero de aquel relato solo queda un escenario de la novela: el Café Barbieri de Madrid.

Pero sin duda, a lo largo de los años y de todos mis fracasos como autor en los que iba tanteando, o en los que iba intentando aprender a escribir de una forma improvisada, al final fui adquiriendo un poco más de oficio y he conseguido reunir todo ese material y darle una forma final. Pero decir que esta es una novela que me llevó escribir 25 años es una exageración, pero decir que es una novela que escribí en un año, tampoco es cierto. Es como si tuvieras varias historias abiertas y las fueras completando cuando ves que es el momento oportuno.

¿Y cómo puedes detectar la unión y, justamente, ese momento? Porque en el proceso de escritura uno va teniendo bocetos, borradores, lineamientos y todo se va construyendo paso a paso, no es un proceso fácil pero tal vez el oficio en esto te benefició…

Sí, sin duda… el olfato que le llaman, o esa sensación de darte cuenta donde hay una historia. Lo mismo que ves en la realidad, donde encuentras una historia y puedes contar para los lectores de un periódico, ocurre lo mismo en la ficción: encuentras en la realidad o en algo que has leído, una historia que puedes ficcionar, que puedes fabular, de la que puedes tirar del hilo.

Desde la información biográfica de tu sitio web, haces mención a que consideras que tu debut en la literatura es tu primera novela El agujero de Helmand y no tu libro de cuentos El país de las nieblas ¿por qué haces esta distinción?

Por esto mismo que hablábamos antes de cómo nacen las historias: Helmand es un río de Afganistán y el punto de partida de esta historia que escribí en 2010 fue un reportaje en un blog de la BBC, que hablaba de un grupo de soldados ingleses que estaban apostados en un promontorio de noche haciendo guardia y escuchaban voces y veían luces extrañas. Resultó ser que estaban encima de un antiguo cementerio de la época soviética de la guerra de Afganistán anterior. A partir de ahí yo construí una ficción sobre ese punto de partida real entonces vi que ahí había una novela.

El país de las nieblas, en cambio, es un libro primerizo, de tanteo, tuvo un pequeño recorrido cultural pero es un libro que no salió poco más allá de mi ciudad de la provincia de León donde vivo, pero para mí El agujero de Helmand es mi primera novela, mi debut como lo definió el editor y aunque no es exactamente así, es casi como si lo fuera. De hecho es una novela que ganó un premio internacional y es lo que me permitió meter la cabeza en el mundo editorial y empezar a publicar de una forma un poco más estable.

Actualmente, hay 14 años que nos separan de tu primera novela El agujero de Helmand y esta última Los dedos del diablo, pero tus primeros intentos de escritura son de 1996, si tomamos en cuenta esos momentos ¿qué te parece que cambió en tu interés y visión por tu propia escritura y en la literatura en general de lo que te interesa indagar?

Eso es como cuando estás emborronando documentos en Word, escribiendo por el placer de escribir pero sin ninguna pretensión, y llega un momento en el que te das cuenta que has escrito algo que sí puedes dejarle leer a alguien, y has escrito un cuento. Lo mismo me pasó con El agujero de Helmand, de hecho cuando empecé a escribirlo estaba buscando información para uno de los relatos que luego deberían haber ido en Los dedos del diablo, una información sobre un cantante de rock afgano que le llamaban “El Elvis afgano”, entonces se me cruzó esta historia de los guardias ingleses (que yo convertí en marines), dejé de lado los relatos y me puse a fondo con la novela. Cuando la terminé me di cuenta de que había algo distinto en esta novela que la hacía diferente a las mutaciones narrativas en los anteriores intentos, y es que había adquirido el oficio de contar o el oficio de sintetizar, de resumir, de quitar lo que sobraba: de saber hacia dónde iba. Digamos que es como descubrir que tienes una linterna en la mano y haz encontrado el botón de encendido.

¿Cuál es tu opinión sobre el estado actual de la literatura española?

Puedo hablar de la literatura española y mundial, estoy muy preocupado por la creatividad y la originalidad, porque el avance de la Inteligencia Artificial y de los algoritmos, está empobreciendo la forma de contar historias. Los editores, si antes querían que escribas la misma novela, ahora directamente le dan a la maquinita, la cual les dice lo que más se está leyendo y publican solo lo que se enmarque dentro de esos parámetros. Entonces al final, se publica muchísimo refrito, muchas cosas que no son interesantes y se cierra el camino a la originalidad y a la creatividad. Tendríamos que diferenciar entre dos situaciones: la literatura y el que cuenta historias. El que hace literatura cuenta historias, pero no todo el que cuenta historias hace literatura. La literatura siempre ha sido un reducto, los bestseller, los grandes libros a los que apuestan las grandes editoriales, tienen poco de literatura por desgracia. Y de hecho, las editoriales más comerciales creo que huyen de la palabra literatura, van buscando cañonazos, van buscando historias o tramas que funcionen a un público mayoritario o a un público que no exija. Eso a mí me preocupa porque lo que puede hacer esta forma, es quitar visibilidad a autores literarios, creativos y que no encuentran un hueco en la industria editorial para contar sus historias, porque esa industria está copada por los mismos libros, los mismos autores que son clones de sí mismos y que no tienen un estilo personal. En ese sentido, quiero creer que los buenos lectores siempre preferirán la creatividad personal de un autor, saber que detrás hay una persona, tampoco reniego de la IA, incluso pienso que bien llevada puede ser una gran herramienta pero de momento lo que me preocupa es ese filtro que se forma en las editoriales, respecto a los temas, a la forma de escribir, porque estamos creando una pseudo literatura.

Además, en este sentido, ocurre lo mismo en las convocatorias que hay en ferias, presentaciones de libros o eventos. Son siempre los mismos autores o las mismas caras, algo que no ayuda a abrir las voces de otros escritores ¿esto lo ves así también?

Sí, y es lamentable, pero no solo pasa en la literatura, pasa en la música o en el cine. Estamos viendo que a grandes cineastas que encuentran problemas para distribuir sus problemas, lo mismo ocurre en el arte. Es algo generalizado, es la tiranía del algoritmo. De que haya alguien que empieza a manejar una serie de datos sobre qué es lo que se lee, qué es lo que se vende y decide que va a publicar eso porque estadísticamente le viene bien. De esta forma nunca habrá nadie que se salga de lo convencional, porque no le van a dar esa oportunidad. A mí me produce angustia pensar cuanto talento está desperdiciándose o cuanto talento puede acabar invisible y escondido porque no encuentra los causes para salir. No sé quién fue que dijo que el talento flota y siempre acaba encontrando la manera de salir a la luz, pero yo no estoy tan seguro de eso.

 

 

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En Argentina se consiguen sus libros mediante la distribuidora Granica y en Podiprint está disponible bajo demanda.