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El Gran Otro | Miťrcoles 17 de Octubre de 2018

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Paul Gauguin en el Thyssen de Madrid

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Sección: ARTE

Desde el 9 de octubre hasta el 13 de enero de 2013, estar√° abierta al p√ļblico la exposici√≥n temporal Gauguin y el viaje a lo ex√≥tico, en el museo Thyssen de Madrid.

Por: Candela Vizca√≠no (corresponsal en Espa√Īa)

Se ha calificado a Paul Gauguin como viajero, pero la vida que llevó fue más bien la de un nómada. Así, siendo tan solo un bebé, su familia se vio obligada a la emigración y, al elegir profesión, se decantó por la de marino mercante. Buscó en distintos emplazamientos un acomodo espiritual y económico que solo encontró, en parte, al final de su vida, en un remoto rincón del planeta: la Polinesia. Allí construyó una obra que se ha erigido en referente del arte contemporáneo.

Viajes hacia lo desconocido

Los viajes de largo recorrido comenzaron a ser populares a finales del siglo XIX. Venían a sustituir al conocido como Grand Tour, un recorrido casi obligatorio entre la elite europea, cuya meta era Roma. En esa época, las comodidades del ferrocarril y de los cruceros transoceánicos permitieron saciar la curiosidad por destinos totalmente desconocidos. Las vistas de Constantinopla, Nueva York o las dunas del desierto de Arabia llenaron, por lo tanto, las bibliotecas burguesas y aristocráticas de media Europa.

Paralelamente, las sociedades cient√≠ficas de Londres, Par√≠s o Berl√≠n compet√≠an por patrocinar peligrosas exploraciones hacia el interior de √Āfrica, hacia las cumbres de Am√©rica, hacia los c√≠rculos polares o hacia cualquier rec√≥ndito rinc√≥n del planeta.

El viaje, el encuentro con lo desconocido, la aventura y las an√©cdotas de sociedades extra√Īas estaban de actualidad. Se quer√≠a desentra√Īar el secreto de civilizaciones pasadas, a la vez que se estudiaban las ¬ętribus salvajes¬Ľ.

Los artistas no eran inmunes a esta tendencia pero, si hay uno de esa época que creó escuela posterior, este es, sin duda, el francés Paul Gauguin (1848-1903), quien, después de intentar asentarse en distintos lugares (La Provenza, Copenhague o París), encuentra en los paisajes salvajes dela actual Tahitíel emplazamiento necesario para crear sus coloridos cuadros.

Paul Gauguin: personalidad, obra y huida

Si leemos con atenci√≥n la biograf√≠a de Gauguin, parece que estaba destinado a llevar una vida n√≥mada. Sus padres se exiliaron a Am√©rica cuando tan solo era un beb√©. Como su padre muri√≥ en ese mismo viaje, su madre se vio obligada ‚Äďcomo cualquier burguesa de la √©poca‚Äď a pedir ayuda a sus parientes. Los m√°s cercanos estaban en Lima, donde el pintor pas√≥ sus primeros a√Īos.

Orleans, Par√≠s, Normand√≠a, la Provenza, Panam√°, Martinica, la Breta√Īa y Copenhague ser√°n sus pr√≥ximas paradas, llevado por un af√°n de perfeccionamiento de su arte (que descubri√≥ casi rondando la treintena), o bien en busca de una mejor posici√≥n econ√≥mica.

Su encuentro con Tahit√≠, primero, y las islas Marquesas, despu√©s, puede considerarse una huida, m√°s que una b√ļsqueda de nuevos lugares. All√≠ llega sin un c√©ntimo, medio enfermo y con la conciencia del fin. Pero, en este remoto lugar, no solo encuentra consuelo para su esp√≠ritu, sino tambi√©n la fuerza para crear casi cien obras (entre lienzos y esculturas) que lo colocan entre los m√°s influyentes artistas de la √©poca moderna.

En sus ¬ęMares del Sur¬Ľ pinta, ama, escribe, se indigna por el trato a la poblaci√≥n local pero, tambi√©n, contrae enfermedades grav√≠simas, como la lepra y la s√≠filis, que merman su delicado equilibrio ps√≠quico.

Cuando muere, en 1903, deja un legado auténtico, una obra original con una impronta casi salvaje, como la tierra que amó. Los colores planos y las líneas definidas le sirven para retratar las costumbres locales, los miedos ancestrales, la frágil vida de gentes sencillas sin recursos para defender su cosmovisión heredada.

En el museo Thyssen de Madrid

Los modelos femeninos, en su mayor parte, de los cuadros de Gauguin conviven en armonía con una naturaleza que ofrece generosos frutos, a la par que la presencia de los animales es siempre pacífica, como corresponde a una visión paradisíaca. Este idilio es el que se refleja, por ejemplo, en la obra Mata Mua de la colección permanente del museo Thyssen Bornemisza de Madrid.

Las obras del pintor franc√©s estar√°n acompa√Īadas en la exposici√≥n madrile√Īa, que se inaugura el 9 de octubre hasta bien entrado el invierno, de t√≠tulos pertenecientes a Klee, Kandinsky y Matisse. El hilo conductor es el viaje hacia lo ex√≥tico, hacia lo diferente, hacia lo desconocido, siempre desde la cosmovisi√≥n occidental. El viaje servir√° para conocer lo otro y, tambi√©n, para servir de espejo: para reconocerse en esa diferencia, en esa alteridad.

El viaje abre las puertas al espíritu crítico, al ahondamiento de lo interior desconocido (abriendo la puerta a la psicología moderna), a poner en cuestión las moral imperante y, por lo tanto, a ejercer la rebeldía a través de la obra de arte.

El camino no se har√° como mero pasatiempo, sino que, en estos autores, tiene un componente de iniciaci√≥n y, por ende, de catarsis. El encuentro con el ¬ęotro no civilizado¬Ľ se convierte, as√≠, en fuente de conocimiento de uno mismo, y ello es retratado debidamente en la obra de arte. Este primer autor ¬ęsalvaje¬Ľ pone las bases para el fovismo posterior, el que tiene como abanderado a Matisse.

Belleza, por lo tanto, pero tambi√©n plasmaci√≥n de otros mundos, de otras formas de vivir y de sentir. Y todo comenz√≥ con Gauguin y su viaje a los confines del mundo: a los llamados ¬ęMares del Sur¬Ľ.

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