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29 marzo, 2019

Ed Atkins – Hacia un existencialismo digital

Por Patricia Lago L. y Maximiliano Turri

Ed Atkins – Hacia un existencialismo digital

Hasta el 31 de marzo en el Kunsthaus Bregenz (KUB), Austria, se presenta la mayor exhibición individual realizada hasta la fecha del artista Ed Atkins. Una profunda reflexión sobre el ser en la era digital.

Uno de los temas capitales que la filosofía a tratado, sobre todo en la última mitad del siglo pasado y principios de este siglo es el problema del ser, su relación con su realidad (entendiendo la misma como construcción a partir de lo real, lo vivido y lo creado) y con el mundo. “Reflexionar” qué es el “Ser” en un mundo que se ha vuelto complejo, en donde podemos conocer y hasta crear múltiples realidades, requiere de una reflexión acerca nuestras capacidades emocionales, la propia historia y del procesamiento que hacemos de nuestra temporalidad y vivencias. Si bien la expresión de esta problemática se manifiesta principalmente en el ámbito filosófico, son varios los artistas que desarrollan su trabajo a partir de las mismas preguntas e inquietudes. Artista y escritor, Ed Atkins (reino Unido 1982) plantea una profunda y sentida reflexión del ser contemporáneo, sus ansiedades, angustias y deseos y su relación con el mundo en la excelente muestra que el Kunsthaus – Bregenz, en Austria, presenta hasta el 31 de marzo.

La exhibición, la mayor realizada sobre el artista hasta la fecha, consta de cuatro obras repartidas en las distintas plantas del Centro. Atkins trabaja el video como soporte principal para sus creaciones, los cuales son presentados como instalaciones en el espacio.  Atkins utiliza la técnica de CGI (Computer Generated Imagery) y la captura de movimiento para realizar sus obras, descargando de la web figuras y elementos que aparecen en los mismos. La figura principal que aparece en los videos es la misma: un hombre caucásico. Pero esto no significa que sea el protagonista de una historia o que sea el mismo personaje expuesto a distintas situaciones. Para Atkins es un medio a partir del cual plasmar sus reflexiones en imágenes o dar el sentido buscado a la obra. El autor denomina a estas figuras “Subrogantes”. Es el propio Atkins quien pone su voz y realiza las gesticulaciones que realiza la figura con un programa de captura de movimiento. El artista presenta a sus figuras dentro de espacios neutros, bucólicos, una mezcla entre espacios reales y pictóricos. Todos pueden ser posibles, ninguno existe.  La utilización de estas técnicas e imágenes crean una sensación contradictoria: no se perciben tan reales como para formar parte de lo real, sin embargo, son tan familiares y similares a lo conocido que las sentimos como posibles. Esa dicotomía tal vez es la clave para entender por qué empatizamos inmediatamente con la obra del artista. Otro elemento fundamental de la exhibición es la música. El propio artista plantea la utilización de la misma como anclaje emotivo necesario para completar lo expresado en la obra. Y tiene razón, la utilización del “Bolero” de Ravel en “Safe Conduct” es el contrapunto justo a las desconcertantes imágenes que la obra nos enseña.  Aporta el ritmo, la solemnidad y el aplomo necesario, creando una suerte de sensación y mezcla entre lo sublime y lo ridículo (el término inglés seria Bathos). O en “Old Food” en donde un fragmento de un tema del compositor post minimalista Jürg Frey, a la instalación un aura melancólica, casi romántico, que potencia las reflexiones propuestas por la obra.

 

 

La exhibición comienza con “Safe Conduct”, una videoinstalación formada por tres grandes paneles colgados en el centro de la sala y dispuestos de forma panóptica. Inspirado en los videos animados para el chequeo en los puestos de migraciones, Atkins propone una profunda metáfora sobre la necesidad de control y aceptación de las reglas frente a la incertidumbre en que vivimos. El video muestra una escenografía similar al área de control y escaneo de objetos de los aeropuertos, pero en una habitación cerrada, opresiva, donde una figura, al ritmo de citado Bolero, se arranca el rostro una y otra vez mientras tararea y deposita en los pequeños contenedores, distintos elementos: sus manos, su nariz, un arma, una piña gigante, etc… La sensación que transmite es de extraña solemnidad y ridiculez a la vez.

El recorrido continuo con “Old Food”, es tal vez la obra más compleja realizada por Atkins hasta el momento.  Armarios abiertos, colmados con los trajes utilizados en las distintas óperas dividen la sala del Kunsthaus – Bregenz en varios espacios. En ella, paneles de video, imágenes que semejan un sándwich formado por hombres, puertas, banderas, sustancias líquidas y demás cosas; un paisaje bucólico donde un niño vestido con ropa de una época incierta corre continuamente sobre un sendero.  Los títulos finales de una película que nunca empezó, el primer plano de un bebé, también un niño y un hombre que en distintos paneles lloran constantemente (¿Lloran por una perdida, por dolor, buscan la redención?). En otro panel de video, el niño ejecuta la pieza de Frey en piano. Cerca de cada uno de ellos, en unos carteles de madera que intentan explicar la obra de modo fallido. La ausencia, la añoranza, el potencial del ser, son algunos de los conceptos sobre los que el artista reflexiona en esta fantástica obra. Así, podemos entender a los trajes como la ausencia del ser, para definirlo y a la vez reflexionar sobre la potencialidad del rol que ese “traje” desempeña en una historia. Las figuras llorando nos conectan profundamente con los sentimientos relacionados al llanto, más allá de conocer o no el motivo que lo genera.

Atkins cuenta que quedó impresionado por la historia de un hombre en E.E. U.U. que fue “tragado” por un desprendimiento de tierras mientras dormía en su casa y que nunca fue encontrado. Esta historia inspiró su obra “Hisser”. En ella, cuatro pantallas dispuestas una detrás de la otra nos presentan una habitación actual, decorada de forma convencional, anónima, y que encaja perfectamente en la pantalla. La imagen empieza a moverse hacia arriba y vemos la misma habitación, que pasa una y otra vez, cada vez más rápido, hasta que se vuelve abstracta. Luego la figura de un hombre duerme en ella, aparecen sus sueños /pesadillas, hasta que, desde un ángulo cenital, el piso se quiebra y el hombre cae al vacío junto a sus muebles y desaparece. La sensación de opresión y falta de sentido es interrumpida por el inesperado final.

La exhibición cierra con “Happy Birday!!” una reflexión sobre la pérdida de la memoria, el vacío, la angustia y la desesperación a que ello conlleva. Una gran pantalla muestra al “Subrogante” repitiendo fechas, sin orden, tratando de evocar algo, sin lograrlo. Números que aparecen sin sentido, un hombre aparece abrazado a otro que está de espaldas, nombra fechas y no puede evocar que ocurrió en las mismas. Todo, en un blanco y negro brillante, potenciado por fragmentos de canciones que se escuchan lejanamente, nos deja ante una obra conmovedora. La sensación de pérdida, de angustia e impotencia frente la imposibilidad de evocación es realmente apabullante.

 

 

“Ed Atkins”, Hasta el 31 de marzo. Kunsthaus Bregenz (KUB). Karl-Tizian-Platz, Postfach 45, 6900 Bregenz. Austria.

Agradecimientos: Flora Miketta; Volunteer Press, Kunsthaus Bregenz

Creditos Fotograficos:
1- Installation view (“Hisser”), Photo: Markus Tretter, 2019 © Ed Atkins, Kunsthaus Bregenz
2- Installation view (“Old Food”), Photo: Markus Tretter, 2019 © Ed Atkins, Kunsthaus Bregenz
3- Installation view (“Happy Birthday!!”), Photo: Markus Tretter, 2019 © Ed Atkins, Kunsthaus Bregenz
4- Installation view (“Safe Conduct”), Photo: Markus Tretter, 2019 © Ed Atkins, Kunsthaus Bregenz
5- Installation view (“Old Food”), Photo: Markus Tretter, 2019 © Ed Atkins, Kunsthaus Bregenz