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15 noviembre, 2012

Se presentó en el Teatro Colón Edipo, a cargo de la Fura del Baus. En el espectáculo se produce un interesante encuentro entre lo clásico y lo posmoderno.

 

Por: Carolina Reznik

 

La puesta en escena de Edipo en el Teatro Colón presenta varias particularidades. Para empezar, el espectáculo está a cargo de la Fura del Baus, uno de los más claros exponentes de la posmodernidad teatral. Este grupo se caracteriza por presentar espectáculos que podemos denominar performances. Es decir, ponen en crisis la concepción tradicional al utilizar espacios no convencionales, no trabajar sobre textos preexistentes, no diferenciar el espacio del público del de los actores, y problematizar la noción de actor y reemplazarla por la de performer.

Ahora bien, para este espectáculo transgredieron su poética particular y utilizaron no solo un texto dramático, sino también uno de los espacios tradicionales por antonomasia: el Teatro Colón. Sin embargo, podemos advertir en él características propias del grupo y de la posmodernidad teatral.

Si bien el título remite, para la mayoría de los espectadores, a la ópera Edipo (Oedipe), sería mejor denominarlo el Edipo de La Fura. Está basado en la ópera de Edmond Fleg, a su vez basada en Edipo Rey y Edipo en Colona, tragedias de Sófocles. Por eso se pone en escena el asesinato de su padre, Layo, la derrota de la Esfinge y el destino de Edipo luego de su exilio. Muchos de estos hechos no están representados en las tragedias sino solo referidos por el parlamento.

La puesta en escena en su totalidad podría caracterizarse como posmoderna. Mezcla elementos tradicionales con otros no convencionales. De esta manera, se produce un collage, y el sentido se construye por el choque de los distintos sistemas significantes, y no por su armonización, como sucede en las óperas tradicionales.

El vestuario es un claro ejemplo de este collage. Algunos personajes están caracterizados como griegos, y otros, de una forma atemporal que remite claramente a lo fantástico. El rey Teseo, por ejemplo, aparece en escena vestido de blanco y con una capucha. Edipo y los habitantes de Tebas están caracterizados de manera tradicional y visten togas. La esfinge es un avión con una criatura dentro, impresionante dispositivo escénico. Y, cuando Edipo se cruza con su padre en la bifurcación de caminos, el escenario se llena de señales de tránsito que remiten claramente a una ruta actual en reparación.

Ahora bien, este choque de sistemas significantes no responde a una voluntad caprichosa, sino que un análisis detenido nos muestra que lo hace a una clara semántica. Los griegos son griegos según el imaginario dominante; los extranjeros, como Teseo, son «algo» de límites indefinidos, imposible de ubicar espacio-temporalmente, y los monstruos como la esfinge son máquinas espantosas. Esta marcada semántica adquiere pleno sentido justamente en el choque. Por eso lo denominamos collage, porque los distintos elementos, pertenecientes a registros distintos, encuentran en última instancia una idea que los homogeniza. Y es aquí donde encontramos la poética de La Fura, que responde claramente a la posmodernidad.

Agreguemos una última característica a este choque de sistemas significantes. Esta semántica marcada respecto de la diferenciación entre lo griego, lo extranjero y lo monstruoso responde también al imaginario del período clásico griego. Esto no es un dato menor, pero tal vez al espectador no iniciado en la cultura clásica puede escapársele. Para los griegos del siglo V, por ejemplo, lo extranjero poseía características que no respondían a nada conocido. Lo monstruoso, por su parte, eran criaturas no humanas que generalmente poseían una mezcla de elementos de distinta índole (pensemos en la Esfinge representada como un avión con una criatura dentro). En definitiva, lo no griego era lo Otro, con todo lo que esto implica.

Por último, para completar el collage, debemos referirnos al espacio en donde se representa el espectáculo. El Teatro Colón es el espacio por excelencia del arte tradicional. La disposición de la sala responde a los cánones clásicos, a la italiana. Y, además de lo objetivamente edilicio, este espacio representa en nuestro país —y en el mundo— uno de los mayores exponentes del arte convencional, principalmente de la ópera y del ballet. No es ingenuo utilizar un espacio semejante para poner en escena un espectáculo que desafía los cánones convencionales. El espacio mismo juega aquí el rol de un sistema significante más en este collage.

Edipo, ópera en 4 actos con concepto a cargo de Alex Ollé y dirección de escena de este y de Valentina Carrasco, es una interesante experiencia para el espectador. Se presenta como un collage que necesita de una mirada atenta para construir un sentido, y no ser solo una mezcla de elementos heterogéneos.

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