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El Gran Otro | Mircoles 21 de Noviembre de 2018

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De los lazos entre Rock Nacional e Instituto Di Tella

De los lazos entre Rock Nacional e Instituto Di Tella
Todo lo que necesitas es revolución… (y rock)
Por Dario Duarte

Transcurría el año 1967. El movimiento hippie, cuyo epicentro principal se produjo en la ciudad de San Francisco, se había extendido hacia todo el mundo con una fuerza que parecía que iba a ser inagotable. En las artes y las letras se producirían obras icónicas que estuvieron marcadas por el pulso de la llamada generación beat y por las consignas principales que se desprenden del flower
power. ¡Haz el amor y no la guerra! ¡Dale una oportunidad a la paz!, resuenan fuertemente en cada postal que vemos de la época. En la música, The Beatles sacarían Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, uno de los álbumes más importantes en la historia del rock, cuyo arte de tapa condensaba la complejidad de capas que componían un movimiento cultural que vino a cambiar el escenario para
siempre. Psicodelia, experimentación, ruptura, los primeros festivales de música más importantes, las ideas de contracultura, el amor libre, fueron algunos de los componentes que funcionaron como combustibles para un estallido de color. Verdaderamente, en esos años se viviría un panorama de intensa revolución cultural.

Buenos Aires no estaba ajena a aquel impacto sísmico de 1967. A pesar del contexto político de facto, existían diferentes expresiones que estaban enmarcadas en un proyecto general de renovación de las ideas. La plaza San Martín sería copada por una marea de jóvenes que se oponían a la dictadura de Onganía. Fue, también, un año bisagra para el rock nacional. Los gatos sacarían el primer disco que se convertiría, con más de 250.000 copias vendidas, en uno de lo más
importantes para esta música. Entre balsas y naufragios, la fundación de nuestro rock estaría caracterizada por la crítica a la sociedad de consumo y por la actitud bohemia.

Podemos hacer mención a un hecho más ligado a los comienzos del rock nacional en aquel ajetreado año. Claudio Gabis y Javier Medina se conocerán durante Be at Beat Beatle, una experiencia performática homenaje a The Beatles organizada por los artistas Roberto Jacoby, Daniel Armesto y Miguel Ángel Tellechea que incluía representación, fotografía y música. Gabis tocaba en aquel entonces con Bubblin Awe en los happenings que tenían lugar en el Instituto Di
Tella. Del encuentro entre estos dos músicos, y habiéndose sumado más tarde Alejandro Martínez en el bajo, surgiría al año siguiente Manal. Esta anécdota no sólo ilustra cómo llegamos a tener jugo de tomates frío sino que introduce en escena una figura importante para trazar una genealogía del rock nacional en sus inicios: el Instituto Di Tella.

Manal (1970). Una de las bandas que orbitó el ámbito del Di Tella

 

Como parte de una iniciativa de la firma Siam- Di Tella, desde su fundación un 22 de julio de 1958, el Di Tella fue claramente un centro de gravitación importante para la vanguardia local. En poco más de una década, en el Instituto se articularon una serie de propuesta de experimentación en el campo de las artes y de la investigación en ciencias sociales que serían de referencia para las generaciones subsiguientes.
Es innegable que, en una escena cultural en ebullición, caracterizada por un sentido de la transformación de las formas de producción en lo social y en lo artístico, el Instituto Di Tella no podía dejar de explorar las posibilidades de expresión que ofrecía el reciente campo del rock nacional o música beat como se la conocía en esa época. Fueron tan profusos los trazos de las actividades
desarrolladas en el Di Tella sobre la cultura popular, en general, y sobre el rock nacional en particular, que es posible esbozar algunas reflexiones sobre el encuentro entre ambos.

Lazos (de exclusión e inclusión) entre rock nacional e Instituto Di Tella

Florida 936. Allí se emplazaban los tres centros de arte pertenecientes al Di Tella: el Centro de Artes Visuales (CAV), el Centro de Experimentación Audiovisual (CEA) y el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM). Éste último, era quien llevaba adelante la experimentación más intensa en el campo de la música de vanguardia con un matiz de tinte más académico. Fundado por Alberto Ginastera, el CLAEM se ocupó de desarrollar las expresiones de la música electroacústica. Por este centro han pasado músicos tan importantes como Luigi Nono, Iannis Xenakis y Luigi Dallapiccola. Si tomamos como referencia las producciones que se desarrollaron en esa esfera del Di Tella, la música rock claramente se encontraba en un territorio de exclusión, ya que los esfuerzos
estaban concentrados sobre el sonido puro que ofrecía los instrumentos electrónicos de la época. En relación a las creaciones que se dieron en esos años en el CLAEM, el compositor Francisco Kröpfll, para un documental que produjo el antiguo Canal 7, nos dice: “No había manifestaciones tan espectaculares o cuestionadoras como la de las otras áreas”. La exploración sobre música electroacústica que se planteó como negadora de la corporalidad -consideremos que muchas de ellas cumplen con la utopía de prescindir del intérprete-, derivó en algunos posturas de poca receptividad a lo multidisciplinar. Es el caso, por ejemplo del mismo Ginastera, a quien Enrique Oteiza, ex director del Instituto, lo recuerda con ciertas reservas sobre las expresiones desarrolladas en los otros centros del Di Tella.

Frente del Instituto Di Tella en 1964 en Florida 936. Fotografía de Humberto Rivas

 

Para indagar la inclusión del rock nacional en el instituto Di Tella, debemos rastrear más bien en el trabajo que se realizó en otro de los centros: el de Experimentación Audiovisual. Allí fruto de la reunión de disciplinas en búsqueda de una expresión alternativa, el rock encontraría un espacio importante para su desarrollo y para su impulso que consagraría a muchas de las bandas míticas de
esta música. Las performance que se dieron en esos espacios eran consideradas por las revistas de la época como poco menos que escandalosas. Fiestas, bailes espasmódicos, exposiciones rupturistas, experimentación y mucha psicodelia eran moneda corriente en este centro del Di Tella. Así lo recuerda el director y actor Alfredo Rodríguez Arias en el libro de John King sobre el Di Tella: “una vez salía del Di Tella y en la calle me detuvo un policía para decirme que ese lugar era muy malo (no sabía por qué, pero alguien se lo había dicho). Me dijo: ‘Estoy aquí cada dos días y si usted pasa de nuevo lo llevaré directamente a la comisaría’. A veces estábamos tomando un café y nos llevaban a la comisaría por veinticuatro horas, sin ninguna causa”.

Considerando el ámbito del CEA, quizás el término que da cuenta de cómo se anudan el rock y el Di Tella sea el happening. Con el rock ingresaría un engranaje más para la actitud de búsqueda que impulsa esta forma de arte de vanguardia multidisciplinar. Para que un happening suceda -valga la redundanciase contribuye a estimular todos los sentidos y se le pide una participación activa al cuerpo del espectador. El rock a base de ritmos vibrantes, armonías penetrantes y nuevas sonoridades instrumentales era la música ideal para provocar sensaciones auditivas que impulsen a la acción colectiva. La música beat, que ya había comenzado por aquella década de 1960 con un boom que sería el sustrato de nuestro rock nacional actual, se convertiría para el Di Tella en el sonido oficial de las experiencias más rupturistas. El rock fue pulsando las puestas de los artistas
conceptuales y quedaría anudado a la experimentación y a la vanguardia que se desarrollarían en el Instituto.

El impulso del Di Tella al rock nacional

Hacer un recuento sobre la importancia del Di Tella para el rock nacional se puede pensar a partir de desplegar el abanico de sus influencias sobre la cultura popular. En primer lugar, la intervención en la promoción de los orígenes del rock, mediante el fomento de muchas bandas y músicos que empezaron a surgir en aquella época.
El rock encontró una meca en el Di Tella, un espacio donde sentirse seguro para echar raíces. Incluso en entre sus paredes se dieron situaciones como la de Carlos Cutaia, tecladista de Pescado Rabioso, que formó con Miguel Ángel Peralta, más conocido como Miguel Abuelo, y Pomo Lorenzo la banda El Huevo, que sólo tuvo participaciones en el Di Tella. Esta anécdota muestra cómo varios nombres importantes para el rock nacional se encontraban orbitando alrededor de las actividades que se emplazaban en Florida al 900. No que hay olvidar de destacar que es en el seno del Di Tella que, un 24 de marzo de 1969, tocaría por primera vez en Buenos Aires una de las bandas eternas de nuestro rock: Almendra. En ese concierto, que recibió el nombre de Tres espectáculos beat participarían también Manal, por entonces ya habitué del Instituto, y una banda al día de hoy poco
conocida, El sonido de Hillber. En ese sentido, podemos decir que el Di Tella ha sido un partícipe necesario en el establecimiento de los mitos fundacionales del rock nacional, de dar curso a una narrativa de nombres e hitos que se construyen sobre los cimientos que planteó esta institución. Solo por seguir aportando ideas para sostener los argumentos de estos apuntes, pensemos que la foto que se encuentra en el disco póstumo de Tanguito fue tomada en el Di Tella.

Foto de portada del disco póstumo de Tanguito.

 

Las Aleaciones entre música rock y Di Tella en diferentes happenings marcarían una tendencia estetizante en una de las línea del rock. Tomemos como gesto de antecedente la obra Cabalgata de 1964 de Marta Minujín. En ella, dos músicos de rock eran envueltos con cinta adhesiva. Los cuerpos de estos músicos eran tomados a préstamo para el desarrollo de una acción. Esto sirve como
metáfora de cómo el rock ha sido siempre más poroso a la introducción de diferentes expresiones artísticas, a que lo habiten o incluso lo fagociten para generar experiencias que tienen al sonido como uno de los protagonistas. El rock devuelve al arte musical la posibilidad del cuerpo por vía del ritmo y del pulso desbordante de guitarras distorsionadas y amplificadores rasgados.

Los derivaciones del rock nacional a partir del Di Tella lo podemos ver en los caminos que tomaron varios de los que formaron parte de este semillero del arte de vanguardia argentino. Roberto Jacoby, principal figura en el Tucumán arde y que tuvo una gran participación activa en los espectáculos performáticos que se dieron en Centro de Experimentación Audiovisual, se convertiría años más tarde, en la década de 1980, en el letrista de una de las bandas de rock más icónicas: Virus. Otro caso emblemático es el de La cofradía de la flor solar. Entre los integrantes de
esta comunidad formada en La Plata en 1968, se encontraba Skay Beilinson, que recibió ese apodo de Marta Minujin por el color de sus ojos. El futuro guitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, tendría contactos con el Instituto en donde montaría junto con otros músicos una Ópera Rock: La mezcladora de Cemento sobre una obra de de ciencia ficción de Ray Bradbury. En este punto, es indudable pensar que el under porteño del rock, sus formas de circulación y su semántica
propia con un halo de cierta mística, también le debe al Di Tella un antecedente central en la forma en que se constituyen las bandas para dar su primeros acordes.

Legados del Di Tella

A estas alturas, podemos hacernos un panorama general como los ideales impulsados en el Di Tella en su rol de laboratorio de experiencias proyectó al rock nacional como una música de contenido artístico pero con una fuerte llegada popular. Finalmente, en 1970, el Di Tella tuvo que cerrar sus puertas. Fue debido a una instalación controvertida de unos años anteriores que consistía en unos baños públicos en los que se escribieron consignas contra el gobierno de Onganía. Esto llegó a oídos de la Casa Rosada y provocó su censura y posterior cierre. En solidaridad con aquel hecho, artistas que exponían allí destruyeron sus obras.


Destrucción de obras en el Di Tella (1968)

 

Esta destrucción de obras implicó un final apoteósico para el Di Tella. Su desaparición en esos términos podemos verla como una verdadera supernova para el arte argentino de vanguardia de la época. De esa explosión quedarán formados sistemas planetarios integrados por la producción de artistas que crecieron a la luz de su ideario. Uno de estos planetas es el del rock nacional, que perdería el mote de música beat para adquirir la fisonomía con la que lo conocemos hoy. Una relación entre rock nacional y Di Tella supone configurar una historia de iluminar los márgenes de bandas míticas articulados a propuestas estéticas en sus vertientes más experimentales. Rock nacional y Di Tella es un ejemplo de una simbiosis productivas para la cultura popular, que de tanto en tanto ocurren y dejan marca en la sociedad.