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12 marzo, 2019

Entrevista a Julio Le Parc: De Argentina al mundo y para el mundo Argentina

Por Mariana Gioiosa

Entrevista a Julio Le Parc: De Argentina al mundo y para el mundo Argentina
Sus obras sugestivas, buscan involucrar al espectador y sumergirlo dentro ellas. Julio Le Parc se vale de artificios como los efectos ópticos, los espejos y la iluminación artificial. Juegos de luces, espejos y colores que incluyen al observador para que participe de estas experiencias.

Asimismo, fue un artista que se involucró activamente con sus convicciones, vivió su niñez en Mendoza y cuando en su juventud llegó a Buenos Aires, participó en movimientos estudiantiles. Por ejemplo en la toma de la Escuela de Bellas Artes reclamando mejoras en la enseñanza artística. Más adelante, a principios de los 60, cuando estaba establecido en París, propuso una ruptura con la tradición artística que había prevalecido hasta ese momento, creando el Grupo de Experimentación de Artes Visuales (GRAV). Este grupo lo fundó junto a García Rossi; Francisco Sobrino y los franceses François Morellet, Joël Stein y Jean-Pierre Vasarely – Yvaral, hijo de Victor Vasarely. Ellos se alejaron de la obra estática y se acercaron a una concepción dinámica del arte.

– ¿Cómo fue llegar a París y permanecer hasta la actualidad?

– En la Argentina en ese momento había una sola Beca para viajar a Europa que la daba el servicio cultural de la embajada francesa en este país. Una vez que me establecí, mis amigos del Bellas Artes que después integraron el GRAV vinieron para París, El Fondo Nacional de las Artes, dirigido por Julio Payró, me dio una prolongación de la Beca por 6 meses. También me ayudaron con el dinero del boleto del barco que no tomé, cuando decidí quedarme en esta ciudad. Mis trabajos se presentaban sobre todo en la galería Denise René, allí exponía Victor Vasarely y otros artistas de la tendencia constructivista. La directora se interesó en mi trabajo y teníamos un convenio que reemplazo en los primeros años el dinero de las becas una vez que se me terminaron.

 

 

– Cuando junto al GRAV, detectaron que en las exposiciones el principal protagonista quedaba afuera, es decir «el espectador» ¿qué pasos siguieron para solucionar esta problemática?

– Ponernos en cuestión a nosotros mismos, con las pretensiones que teníamos de ser artistas trascendentes. Fuimos por un camino opuesto a buscar un estilo propio y un reconocimiento personal que fue trabajar en grupo y compartir experiencias. Del mismo modo, hicimos un cambio sobre a quienes estaban dirigidos nuestros trabajos. Producíamos para aquellas personas que estaban del otro lado de la puerta de los museos. Realizamos encuestas, porque nos interesamos en conocer la opinión de los visitantes sobre nuestras producciones y fue una gran sorpresa cuando descubrimos que ellos tenían gran capacidad de observación y reflexión. Además fue muy gratificante con el entusiasmo que completaban los papelitos que poníamos a su disposición.

– Como artista experimental, desarrollas tus trabajos en base a problemáticas ¿En cuales te interesaste?

– La forma, el color, el movimiento, la luminosidad y las instalaciones. Todos ellos que reclaman una presencia particular del espectador

– ¿Qué es la luz para vos?

– Apareció como una solución. Los problemas que me planteaba me hicieron echar mano a este recurso. La manipulación de materiales y las pequeñas experiencias me llevaron a probar con la lámpara de la cocina. Mi actitud de experimentación es contraria a la monotemática de muchos artistas, que obtienen un reconocimiento a través de un estilo o manera de hacer y luego lo repiten. Experimentando fui aprendiendo. Llegué a utilizar los espejos por el mismo camino.

– En el momento que el Director del Museo de Arte Moderno te hizo la propuesta de una exposición muy importante, estabas frente a una contradicción porque participabas de los reclamos por cambios dentro de las instituciones artísticas junto al GRAV, te declaraste incapaz de elegir si ibas a ser esa muestra que te proponían o no y lo dejaste librado al azar a través de una moneda que tiró tu hijo Yamil ¿Cómo viviste ese momento?

– Tirar una moneda fue la solución que encontré porque significaba una oportunidad para mí a nivel laboral, pero al mismo tiempo era incapaz de aceptarlo desde el punto de vista ideológico, porque estaba metido dentro de la contestación de manera permanente con los grupos de artistas que íbamos formando con el GRAV.

 

 

– Durante años fuiste marginado en París debido a tu postura política, pero seguiste exponiendo en importantes ciudades como Madrid y Düsseldorf, también galerías privadas donde se producían ventas que te permitieron hacer frente a tus gastos como artista y como padre ¿Qué fue lo que sucedió?

– Junto a otros artistas, puse en duda una exposición que se estaba formando, llamada Pompidou, en la que no nos llegó la convocatoria a muchos artistas. Escribí cartas firmadas por varios colegas para que me informen el criterio de la selección, pero nunca nos explicaron. El día de la muestra con un grupo de artistas repartimos panfletos oponiéndonos a la exhibición y llegó la policía para reprimirnos con cachiporras. Muchos de los artistas que estaban exponiendo, en repudio a esta acción, salieron con sus cuadros a la calle. Después de esto, a ellos y a mí a nos dieron la espalda. Por muchos años, en exposiciones colectivas donde podía haber participado, ponían trabajos parecido pero de un artista que le resultaba menos conflictivo que yo. Esto ocurrió hasta que recientemente cambiaron las autoridades.

– Algunas de tus muestras más impactantes de los últimos años, visitadas por miles de personas fueron dos grandes retrospectivas. La primera en el Palais de Tokio de París, la segunda en el Pérez Art Museum de Miami en 2016 ¿Cómo viviste estas exhibiciones?

– La suma de los trabajos es lo que da una razón a lo producido, más que una obra separada. La acumulación de las diferentes experiencias que se lleva el espectador cambia su percepción y hasta puede modificar la visión de su propia vida, que es lo que me interesa.

– Este año cómo parte de un gran homenaje a tu trayectoria, están planificando en Buenos Aires importantes muestras y acciones. Una gran retrospectiva en el CCK que abarcará la producción de todo tu camino recorrido, otra exhibición en el Museo Nacional de Bellas Artes que se concentrará en la última década de tu producción en la ciudad porteña y tus comienzos en París. Aún no está confirmado, pero hay muchas expectativas que se realice una intervención con luces en el obelisco y como broche final, que tu nombre pise fuerte en el teatro Colón, a través de intervenciones en noches de gala y en el Centro de Experimentación ¿Qué te gustaría transmitir con estas exposiciones y experiencias en Buenos Aires?

– Además de un cambio de percepción que genere optimismo a los ciudadanos, un saludo, un adiós de todo. Estuve aquí en este mundo, nací en Argentina, viví en Bs As. La mayoría de mis amigos ya no están, hay otras generaciones que han aparecido y quiero contactar a través de mis producciones. Más que una sacralización de mi trabajo o de mi persona, me gustaría que mis obras y experiencias visuales se vean como algo que está vivo, presente y que provocan emociones.

– Se comenta que es posible que en el CCK podamos ver en tu muestra una sala con realidad virtual ¿Cómo se incorpora esta tecnología a tu trabajo?

– A través de Juan (uno de sus tres hijos), que se ocupa de las nuevas tecnologías. Experimentamos con la serie Alquimia y resultó muy interesante. Pasó de ser un objeto colgado en una pared a algo suspendido en el espacio. Entras en el cuadro, la superficie plana pasa a tener volumen. Atravesás la pintura, la podes ver desde abajo, arriba, detrás, se vuelve infinita.

– ¿Te Preocupa la trascendencia?

– Lo que hice fue lo que pude hacer dentro de las condiciones que me tocaron vivir, con los elementos que estuvieron a mi alcance y las relaciones que se crearon. No sé si lo que hice va a tener un seguimiento o valor. Me interesa la trascendencia en la medida que no se vuelva una mistificación o sobrevaloración.