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22 febrero, 2021

Julián López: “El amor y la soledad son dos pasiones en tensión profunda”

Por Verónica Glassmann

Julián López: “El amor y la soledad son dos pasiones en tensión profunda”

Julián López es una de las personalidades más relevantes de la literatura actual.

Con novelas como Una muchacha muy bella y La ilusión de los mamíferos puso en palabras la relación entre la soledad y el amor. Hace pocos meses publicó Meteoro, un libro de poemas dulce y melancólico. Sus historias nos hablan de dolor, deseo y encuentros amorosos eternos o fugaces pero siempre intensos. Todo lo que lleva su nombre atraviesa siendo inolvidable, íntimo y conmovedor.

 


Como escritor, ¿tenés rutinas, métodos, esquemas que estructuren tu trabajo?

Soy de los escritores que no tienen rutinas de trabajo. Para mí, la escritura nunca es programada. Es inoportuna y bastante problemática. A contra reloj. Siempre es una preocupación muy neurótica. No soy un escritor de esos que pueden sentarse y programar su trabajo y la duración de la jornada de escritura. Yo escribo como puedo, a empellones, cuando después de acumular mentalmente mucho material necesito que, físicamente te diría, empiece a precipitar eso que estuvo macerándose en un lugar ignoto.

 

Después de la publicación de Una muchacha muy bella tuviste una crisis de escritura, por decirlo de alguna forma, ¿cómo atraviesa y sale un autor de esos espacios de conflicto?

Es cierto que después de Una muchacha muy bella tuve una crisis de escritura pero también te podría decir que yo vivo en una crisis de escritura, que vivo la escritura de una manera muy neurótica. Y que eso me hace padecer mucho, pero me parece que está bien. La escritura es una tarea muy demandante, muy compleja, para mí es muy difícil y por eso te digo que me parece que está bien que me demande un apasionamiento, por más problemático que sea. Por otra parte, es la característica que tengo en la manera de escribir. Entonces, tampoco tengo demasiada elección. Las veces que intenté tener una relación más madura, más calma, más productiva y más fructífera, no me interesó lo que apareció.

 

 

La ilusión de los mamíferos cuenta la historia de amor entre dos hombres que inicia, se desarrolla y muere cada domingo. ¿Cómo nace esta novela tan conmovedora? ¿Por qué quisiste contar esta historia de amor? 

La ilusión de los mamíferos era una novela en la que yo quería trabajar la segunda persona y hacer algún tipo de experimentación propia, no en términos de literatura, sino en mi propia escritura. Cómo sonaba una voz que le hablaba a un otro y que le contaba lo que ese otro ya sabía. Cómo exagerar un nivel de falsedad de la historia, del relato más que de la historia. Una cosa que me entusiasmaba era esta idea que porta el narrador que dice “yo tengo que contarte esto a vos porque hasta que yo no lo cuente, hasta que yo no lo haga relato, esta historia no va a terminar y no va a ser enteramente mía”. Entonces, por eso hace como una especie de Sherezade de Las mil y una noches, pero le cuenta los mil y un domingos. Es una idea que me interesaba trabajar de pura falsedad porque le cuenta al otro lo que el otro también vivió. Básicamente es eso. Yo me doy cuenta de que estoy escribiendo siempre sobre la misma temática. Una aproximación, una indagación, una pregunta acerca de qué es el amor y qué posibilidades tienen los personajes y los universos que invento en el amor. Evidentemente, es una preocupación mía. Porque, claramente, en La ilusión de los mamíferos a mí me interesaba meterme muy de lleno con la idea del amor romántico, de una pareja, en condiciones muy específicas.

 

Acabás de publicar Meteoro, un libro con el que volvés a la poesía después de quince años, ¿qué te hizo dejar el género y por qué lo retomás? ¿Cómo concebís la idea de los géneros?

No pienso demasiado en la idea de géneros; no me interesa la idea de géneros, te diría, en nada. Yo siempre escribí poesía y me mantuve escribiéndola. La publicación es una cosa bastante azarosa. Ahora tengo la suerte de ser un autor al que publican, entonces, más o menos con esas condiciones me puedo mover con alguna soltura. Pero uno publica lo que puede, donde puede y cuando puede. Cuando mi editora me contó que tenía el proyecto de que la colección de literatura Random House incluyera poesía a mí me pareció una idea extraordinaria de la que quería participar.

 

 

 

Meteoro habla de la idea del amor como anhelo y también de la soledad, ¿cómo fue el proceso de escritura de este libro?

Es raro hablar de la escritura de un libro, porque hay un momento en que uno de despega de eso; pero, a la vez, te diría que la escritura de la obra finaliza mucho después del momento en el que terminaste de escribir el libro en sí.

Cuando uno vuelve a encontrarse con los textos que escribió y los lee publicados y los lee, sobre todo, a partir de las lecturas, de las observaciones, de los comentarios que recibe, de las cosas que le duelen de eso que escribió. En ese sentido, Meteoro es un libro que está muy abierto y todavía coagulando y cuajando. Habla sobre el amor y el amor para mí es en relación a la soledad siempre. Yo creo que el amor y la soledad son dos pasiones en tensión profunda. Muy estimulantes, a veces muy tristes, a veces muy alegres, siempre apasionantes.

 

Sos docente en la carrera de Artes de la Escritura de la Universidad de las Artes y desde 2006 coordinas junto a Selva Almada y Alejandra Zina el ciclo Carne Argentina, un espacio de vidriera de autores, lenguajes y formas de la producción literaria. ¿Cómo es tu propia experiencia como docente, se puede enseñar a escribir?

Soy docente de la UNA y doy talleres hace muchos años. La escritura es un oficio. Por lo tanto, un oficio es pausible de ser compartido, legado, investigado en compañía, en conjunto, en grupo y en soledad. Así que, como todo oficio, porque fundamentalmente yo rescato la escritura como eso, se puede enseñar a escribir porque a mí en la primaria me enseñaron. Con respecto a si se puede enseñar a escribir poesía o ficción habría que revisar qué es enseñar. Yo creo mucho en la generación de espacios de compartir, de juntada y de investigación común. A mí me gusta mucho rescatar la idea de oficio como un combate con la idea de que escriben los que saben, los que pueden, los que tienen una sensibilidad, una erudición o una preparación para tal efecto. A mí me gusta escribir y yo no tengo ninguna formación académica formal. La palabra es mi formación, la lectura, haber oído, haber estado atento, haber visto cine, haber escuchado música. Haberme peleado con mis amantes me enseñó a escuchar qué tienen las palabras para mí, qué tienen en su superficie, qué tiene en su reverso. El psicoanálisis me enseñó a pensar y me hizo reflexionar acerca de esos corpúsculos extraños que son las palabras. No sé si se puede enseñar a escribir, pero sí se pueden generar espacios de experiencia común con, entre y para las palabras.

 

La Universidad Nacional de Hurlingham te eligió para que dirijas Transurbana, su primera colección de libros dedicada a la literatura. Sus dos primeros fueron: Conurbe. Cartografía de una experiencia, una antología de relatos que incluye textos de Claudia Piñeiro, Gabriela Cabezón Cámara, Camila Sosa Villada, Selva Almada, Dolores Reyes, Sebastián Pandolfelli, Hugo Salas, Katya Adaui, Carla Maliandi, Fernando Veríssimo, Alejandra Zina e Inés Garland y El nombre de los caracoles, la primera novela de Claudia Stella. ¿Cómo fue esta experiencia para vos?

Conurbe es la primera aparición de la línea de la colección Transurbana que es la colección de narrativa de libros de UNAHUR, la editorial de la Universidad Nacional de Hurlingham. A mí me entusiasmó mucho cuando me llamaron para dirigir la colección porque me parece muy interesante que una editorial universitaria se meta a disputar el terreno de la ficción en un país y, específicamente, en el Gran Buenos Aires que produce mucha literatura. Salió Conurbe y salió también una novela que yo adoro que se llama El nombre de los Caracoles de Claudia Stella, que me parece que es un texto muy importante. Salieron como primera aparición estos dos volúmenes de UNAHUR. Este año van a salir más libros. Es un proyecto que me entusiasma mucho. Particularmente Conurbe la antología, me gustaba la idea de trabajarla con escritoras y escritores que, de alguna manera, pensé que tenían algo para decir o algo para aportar a la idea de un conurbano que no reflejara las ideas que habitualmente circulan acerca de él. No me interesaba que escribieran específicamente del conurbano ni que fueran gente ahí. El conurbano es una argamasa de la cultura nacional de la que creo que podemos hablar todes: quienes nacieron, quienes viven, quienes trabajan, pero también cualquier argetine, porque en el conurbano se gesta y se gestó mucha de la historia política y sociocultural de la Argentina. Estoy muy contento con el resultado de la antología y de la novela que adoro y también de que libros de UNAHUR haga esta apuesta por la narrativa. Me parece, de verdad, un paso jugado y políticamente muy interesante que me gusta mucho.

 

Fotografía: Alejandra Lopez

Foto Portada: Alejandra Lopez